Montaña Rusa

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No encuentro mejor forma de describir lo que le pasa a las emociones durante el proceso por el que pasamos antes de ser papás y cuando ya lo somos. Van y vienen la felicidad, tristeza, miedo, incertidumbre, estrés, ansiedad, euforia, etc.

La verdad es que muchas veces no tenemos ni idea de a lo que nos enfrentamos y eso puede hacer el las subidas y bajadas se sientan más rudas.

Hay quienes toda la vida imaginaron que serían padres y, por lo general, se lo imaginan de forma romántica, pensando en todo lo hermoso que los hijos traen. Después de que llegan se dan cuenta de que viene lo bueno y lo malo (no necesariamente lo malo de los hijos, sino lo que no nos encanta que pase, como no dormir, por ejemplo.)

También estamos quienes no pensábamos ser padres, no lo considerábamos si quiera y un buen día cambiamos de opinión. Casi siempre, si pertenecemos a este grupo de papás, tenemos una visión más fatalista, y por eso esperamos. Queremos aprovechar el tiempo antes de adentrarnos en el camino sin fin.

Encontrar un punto medio es lo más complicado, como en cualquier tema. Así que son pocos los papás “realistas” que se informan, saben que será difícil pero a la vez le ven el lado bueno. Y esque ser realista no depende solo de la información, hay que conocernos muy bien para poder estar tranquilos ante la incertidumbre.

Sea como sea la historia previa, a todos nos cambia la vida la llegada de los hijos y con esos cambios vienen muchas emociones que generalmente se amontonan y nos van llevando por un camino medio tortuoso. Sobretodo a las mamás. Y no por demeritar a los padres, pero es que la experiencia de la maternidad (embarazo, parto, postparto) si es muy intensa, quizás por todo lo que nos implica físicamente. Quizás por la forma en que el mundo nos ve.

El embarazo para muchas mujeres inicia lleno de achaques físicos. Va avisando que vienen cambios y grandes. Y aún si no tienes ninguna molestia, el simple hecho de ir cambiando la forma de nuestros cuerpos y estando más pesadas y torpes para movernos se convierte en un reto diario para sentirnos bien.

El puerperio (o postparto) es un camino largo y oscuro, que si no tenemos quien nos sostenga se vuelve muy accidentado. Al principio necesitamos más apoyo que nunca, pasamos de ser autónomas (o casi autónomas, dependiendo el embarazo que tuvimos) a ser muy dependientes de los demás. Nos ayudan con la comida, o con los demás hijos, o con el bebé mientras nos bañamos, mínimo.

Y claro que hay mujeres que no tienen apoyo ni en el embarazo ni en el postparto y sobreviven. Todo mi reconocimiento para ellas, su montaña rusa debe ser de las más altas y peligrosas del mundo.

En mi caso, haciendo uso de todos mis recursos físicos y mentales, he ido tomándome un día a la vez. La abuela chilaquil estuvo un mes antes y uno después del parto ayudándonos en todo lo que podía, así que ese primer paso estuvo muy apoyado en ella (y el abuelo, las tías, los tíos, etc). El papá chilaquil siempre ha hecho todo lo que puede y más, pero esque el postparto también lo viven ellos, entonces además de reconocerle su importantísima parte en el ajuste familiar también reconozco que a los padres les falta un espacio para pasar por ese camino con mayor libertad, porque el mundo espera que como ellos no viven el parto no les afecte y no es así.

Mi otro recurso infalible ha sido el celular.

Si, ya sé que no es lo mejor, que deberíamos dejarlo un poco al lado, que ya basta de estar pegados todos a los aparatos. Pero gracias a eso pude sobrevivir tantas horas de desvelo, tantos dolores de lactancia y tantas dudas

Tuve la fortuna de tener amigas embarazadas y recién paridas al mismo tiempo que yo. Entonces muchas veces coincidíamos en línea a altas horas o si no íbamos respondiéndonos conforme nos despertaba el chamaco.

Descubrí el submundo de los grupos de Facebook, que hay grupos de todo, información, queja, ventas, dudas, doctores, tips.

Hice muchas preguntas y respondí otras muchas otras en los foros de babycenter, que de verdad también me parece una plataforma muy útil para madres, sobretodo primerizas como yo.

Dentro de ese viaje virtual fui dándome cuenta que no era la única en sentirme un poco perdida y que a muchas amigas y conocidas les estaba siendo mucho más difícil readaptarse a la rutina. Por eso cada vez es más común leer al respecto de toda esa etapa en la que estamos renaciendo junto con el crío que trajimos al mundo.

Nacemos como madres, renacemos como esposas, como hijas, como profesionistas. Tenemos que ajustar lo que éramos a lo que somos y descubrir, sobre la marcha, cómo será esta nueva versión de nosotras y podremos enseñarle a alguien de qué se trata la vida.

Es entonces un viaje lleno de movimiento, no solo vamos en una montaña rusa sino que somos quienes manejamos y controlamos los vagones.

Pero tampoco es siempre tan malo y tan difícil, recuerden que hay subidas y bajadas y las subidas se disfrutan muchísimo.

Hay días en que ya nos cierran los pantalones, días en que descubrimos que ya no nos duele al amamantar, que nuestro bebé ya duerme más de 4 horas seguidas, que volvemos a cocinar, que ya podemos hacer ejercicio, hay días que salimos solas y recordamos que sigue ahí mucha de la vida que tuvimos antes, pero mejorada.

Esos días buenos, esas subidas, son las que pueden servirnos de mucho en las bajadas.

La clave está en recordarlas y tener claro que nuestras expectativas deben ser realistas. Que no tenemos que hacerlo todo solas y que se vale pedir ayuda. Que las cosas saldrán lo mejor que se pueda y que por más difícil que algo nos parezca, eso también ha de pasar.

¡Gracias por leer!

4 comentarios en “Montaña Rusa

  1. Pamela dijo:

    Me encantó el artículo, todo lo que escribes es muy cierto. Tenemos dos opciones 1) disfrutar el viaje y levantar los brazos. 2) vivirlo atemorizadas.
    Elijo la primera opcion, me llevo su tiempo y me dan unas ganas de volver a subir a la montaña rusa, experimentar ese gran viaje de bajadas y subidas, cada vez con menos temor.

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  2. Sisy dijo:

    Muuuuuy cierto! a veces cuando estamos en las bajadas somos tan fatalistas, de repente se nos olvida todas las subidas que hemls tenido y no es lo ideal. Gracias por el tip de tener presentes las subidas porque definitvamente son las que hacen que uno se recupere pronto al pensar que: “esto también pasará” 🙂 Gracias Mamá Chilaquil!

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