La aritmética cambiante del amor

couple

Algo que nadie puede enseñarnos es cómo será la vida en pareja, porque siempre es diferente. Para cada persona y en cada situación.

Hay similitudes en todas nuestras relaciones, pero no siempre la práctica hace al maestro, hay muchos casos de personas que intentan e intentan e intentan y no consiguen establecer una unión a largo plazo con alguien. Personalmente no creo que eso sea malo, no necesariamente. Si eres muy feliz con alguien, aunque sea por poco tiempo, yo digo que vale la pena. Pero ya el tema del amor para siempre y las expectativas de cada quién sería tema de otro post.

Por el momento me gustaría compartirles un poco de mi experiencia cuando ya tienes una relación bien establecida, estable y feliz y llega la paternidad a darle una revolcada (como ya les había platicado en la ola posparto, precisamente).

Pues claro que la relación de pareja no podía quedar fuera del revolcón y las consecuencias son tan variadas como todo en la vida. He leído de todo al respecto, desde que es un milagro no divorciarse hasta que hay que “entenderlos” a ellos y sus necesidades, refiriéndose a los hombres y lo que la mujer recién parida debería de hacer.

Yo, como siempre, no estoy de acuerdo con ningún extremo y a pesar de que es un tema complejo intentaré compartirles lo que, creemos, nos está funcionando en la familia chilaquil.

Digo familia porque aunque el hijo en este tema se busca que quede como punto y aparte pues ya nada en nuestras vidas es aparte de él, así es esto, aunque estemos separados físicamente no dejas de ser madre o padre al irte, así que aquí les voy.

Para mi esto de la vida en pareja fue tan complejo como aprender matemáticas con un mal maestro, aunque no puedo presumir de tener tanta experiencia, pero la poca que tuve era medio desatinada, las cuentas nunca me salían, porque o sentía que daba de más o daba de menos y al final alguien siempre salía perdiendo. Yo no entendía nada y acababa desilusionada y haciendo un drama mental en el cual pensaba que jamás funcionaría.

Tan resignada estaba que cuando conocí al papá chilaquil y el me aseguraba con sus cuentas muy claras que si se podía yo no le creía. No le creía nada.

Se me hacía imposible sumar tan facilito. Le buscaba truco por todos lados, decía de seguro no me está contando algo, seguro le falta un punto decimal que trae escondido. Pues no. Hasta ahorita no ha salido chueca la cuenta y llevamos nueve años juntos.

Nueve años pueden ser vistos como mucho o como poco, son todos ustedes lectores libres de considerarlos como gusten o puedan, pero para mi, son algo así como un buen número para indicarme que la suma va saliendo.

Total que antes no me daba la cuenta (lo cual no quiere decir que siempre me la pasé mal, debo aclarar) y a partir de ahí he podido ir sumando.

Ya que uno aprende suma sencilla la cosa va fluyendo y la vida es más bella y te sientes con apoyo y todo es felicidad, bueno o por lo menos es más sencillo, pues.

Pero.

Si, siempre hay peros en la vida. Y lo que pasa es que conforme uno aprende, luego quiere más y la matemática no nada más se complica, cambia. El amor es así como un virus de esos que mutan y uno luego no encuentra por donde. Pero bien que se disfruta.

Pues bueno, ahí está la clave de por qué nuestra pareja debe conocernos, aceptarnos, respetarnos. Porque a la hora de la mutación del virus hay que entrarle, ajustarse y poder avanzar.

Si pudiera dar un solo consejo sería que hay que buscar una conexión…

connected

Del tipo que a cada quién le funcione… no tiene que ser musical verdad. Pero la vida con música es mucho mejor.

Esa conexión, la que sea que tengan con su pareja, va a ser lo que los puede salvar de caer en el abismo, en una rutina negativa y de perderse en el camino cuando cada uno vaya creciendo en lo individual y puedan, fácilmente, perderse en eso que antes compartían.

Y esa misma conexión es la que, cuando llegan los hijos, les va a recordar el por qué decidieron entrarle a la locura de traer a alguien más a este mundo que a veces parece tan gris.

Porque en esas noches interminables, en esos días de fiebre, en esos llantos que no entendemos ayuda mucho tener a alguien a tu lado que te recuerda que te ama y sobretodo que tu puedes, que te admira, que están juntos aunque a veces te sientas tan sola.

Y ojo, que no digo que las mamás solteras no pueden ni tienen este tipo de felicidad. La pareja no es algo indispensable para ser feliz ni para funcionar como familia. Hay muchas familias de un solo padre o madre que son más felices y estables que muchísimas otras que parecieran funcionar.

A lo que me refiero es a que cuando uno ya está en ese viaje de compartir la vida con otro bien vale la pena aprender a disfrutarlo, buscarle por todos lados la oportunidad para que el viaje valga la pena. En pocas palabras, hay que echarle ganas.

El amor solito no basta para que todo fluya, eso dura un tiempo relativamente corto y de ahí en delante se necesita trabajar, como en todo en esta vida.

Fórmula no hay porque todos somos diferentes. Y quizás por eso me puede hacer ruido, a veces, cuando leo o escucho que aconsejan cosas fijas, porque nuestra relación no es fija. Es cambiante. Entonces nuestros gustos y decisiones como pareja así van siendo también.

Entiendo que a la mayoría de las parejas les funciona muy bien el salir sin hijos, el destinar un día a la semana para conectarse, el cocinar juntos, el ir al cine, el mandarse mensajes de texto, o fotos sexys o lo que sea que se les ocurra. Pero lo que creo que esas son solo ideas, lo importante es tener bien claro lo que cada uno va sintiendo, aclararlo con el otro y reajustar.

Porque ¿qué tal que lo máximo en la vida para ti al inicio de tu relación era ir juntos a un concierto y bailar toda la noche pero ahora lo que quieres es un masaje y un vino? O qué tal que lo que quieres es viajar y antes no te gustaba tanto. O quieres una clase de yoga juntos o una cita doble con amigos, o ver películas por todo un día sin moverte de tu cama. Las opciones son infinitas, pero siempre cambiarán, porque así somos los seres humanos.

La rutina pasa, es algo inevitable y que nos da estructura. Si no tuviéramos rutinas el caos se apoderaría de nosotros en muchos sentidos y luego nuestros hijos podrían salir aún peor. Así que tampoco estoy de acuerdo en creer que la rutina es el problema de todo lo malo que sucede en la vida.

Más bien el problema sería el no detenernos a analizar lo que va pasando y ajustarnos. Por eso mi ejemplo de las matemáticas. Hay que aprender a sumar de todas las formas posibles, cuando se necesita. Pero también a restar, multiplicar y dividir.

No es cosa fácil pero la verdad vale mucho la pena. Es de esos esfuerzos cuyo resultado lo disfrutas por mucho tiempo.

Así que más que platicarles lo que a nosotros nos funciona, con detalle, les comparto la importancia de darse ese tiempo de explorar. Encuentren su tiempo y busquen respuesta a todas esas emociones nuevas que van llegando. Traduzcan lo que pasa en cada momento del camino, revuélquense en la ola juntos, resígnense a que las cosas no van a ser fáciles pero sepan que siempre que se esfuercen el resultado va a ser gratificante.

El amor de pareja es cosa de dos y así de esa misma forma hay que avanzar, juntos. Así que cuando sientan que algo no funciona, algo no les cuadra, andan de malas o necesitan un apapacho está bien hablarlo con amigas, con amigos, pero no se olviden de decírselo a ese otro que es el que puede cambiar las cosas. Ámense y cambien juntos y si de plano no se puede hay que amar el final de la relación porque si ya son padres tienen algo que los une por siempre.

Como ya les decía, más vale disfrutar el viaje porque no se repite y porque pasándosela bien uno brilla más y los hijos se contagian.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustraciones de pinterest

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