La autoexigencia

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Escribo esto mientras como pizza recalentada porque no tuve tiempo de cocinar hoy ¿o porque no me lo di?

Escribo hoy porque como todos los lunes me di a la tarea de hacer que mi mañana rindiera lo suficiente para hacer muchas cosas en poco tiempo. “Mi mañana” consiste en cuatro horas que son las que nuestro hijo pasa en la escuela y las cuales yo generalmente utilizo para hacer diversas cosas, dependiendo de la urgencia con que las necesito.

A veces tengo que trabajar toda la mañana y hago “solamente” eso, a veces no tengo pendientes de trabajo urgentes y “solamente” limpio y la mayor parte del tiempo hago de todo un poco, pero la constante es mi sensación de que no alcancé a hacer lo suficiente o que podría haber hecho tal o cual cosa mejor.

Los lunes llegan siempre con aires de renovarnos, de empezar dietas, de organizar la limpieza del hogar, de llenar el refri de comida sana, pagar recibos, quitarnos pendientes de encima. Pero siendo realistas las cuatro horas no alcanzan para todo eso y además, no quiere decir que el resto del día no se pueda hacer nada, los hijos no son un estorbo ni nos impiden hacer las cosas solo las vuelven diferentes.

Así que hoy, después de imprimir un nuevo calendario que hice para la limpieza de la casa (sintiendo que así desalojo espacio mental y ya no “tengo que” recordar), sacudir, barrer y trapear media casa, organizarla completa, tender camas e ir al súper, me descubrí sintiendo que había avanzado, pero no lo suficiente. También hice desayuno, contesté correos, hablé con varias personas, etc, etc, etc.

¿Y no fue suficiente?

Según yo no.

Eso me hizo recordar este tema del cual he platicado en muchas ocasiones con mi esposo y mis amigas. El trabajo nunca se va a terminar pero a diario podemos hacer algo para no sentirnos mal al respecto ¿no creen?

Si nuestra actitud hacia el auto-rendimiento cambia y en vez de sentir que “no nos alcanza” sentimos que “hicimos lo que pudimos” las cosas fluyen distinto.

Claro que hay que ser muy organizadas, realistas en nuestros objetivos y pedir apoyo siempre que se puede (este punto de pedir apoyo requiere un post aparte porque las mujeres tenemos una tendencia al yo puedo sola que viene en nuestro manual un capítulo antes del debería poder hacer más).

Pues si, seguro podemos solas pero ¿siempre? ¿queremos eso?

¿por qué estamos compitiendo constantemente con nosotras mismas?

Y ¿deberíamos poder hacer más?

Siendo tan realistas y objetivas como nos sea posible, la mayoría de los deberes son autoimpuestos, son elecciones y por lo tanto son opcionales. Claro que modificar creencias de muchos años tomará tiempo y en muchos casos ir a terapia ayudará. Pero hay cosas que podemos hacer a diario para sentirnos mejor con quienes somos, como mujeres y claro, como mamás.

Así que por eso decidí sentarme a escribir esto, para compartirles lo que a mi me funciona la mayor parte del tiempo. Los días que no me funciona hago lo que hacemos todas: sentirme culpable, triste, incapaz, quejarme, desahogarme, llorar o todas las anteriores. Pero les prometo que cada vez la balanza se inclina más hacia lo bueno y menos hacia lo oscuro de mis emociones y eso es liberador.

Cada vez que me descubro reprochándome algo enciendo la alerta mental y me regreso a recorrer todo lo que si he hecho, aquí les van unos ejemplos:

Si me descubro pensando:

“Aún me falta lavar los platos” ó “los platos siguen sucios” // mejor pienso “ya solo me faltan los platos pero toda la casa está ordenada”

“Debería haber cocinado en vez de seguir comiendo recalentado” //  mejor pienso “gracias a que tenía comida lista pude terminar de trabajar para pasar la tarde libre con mi hijo”

“soy la peor por gritarle a mi hijo cuando me enojé” // mejor pienso “debo trabajar en mi control de impulsos pero se que a mi hijo le sirve ver que yo también me equivoco y aprenderemos juntos”

Esos son solo algunos ejemplos de cosas que pasan en mi rutina diaria pero igual me pasa que mis amigas se disculpan al platicarme que sus hijos comen viendo la televisión, que aún duermen con ellos, que no han dejado el pañal, que nunca hacen ejercicio, que tienen abandonada su carrera profesional, que trabajan mucho o que no se dan el tiempo de salir con sus parejas. Todo lo decimos, casi siempre, con un aire de vergüenza, no tanto por compararnos con quienes si logran hacer todo eso, sino más bien asumiendo que deberíamos poder hacerlo.

Mi invitación va hacia ese lado. Dejemos de asumir y seamos mejor muy sinceras con nosotras mismas. Seamos realistas en cuanto a nuestros tiempos, nuestras prioridades y capacidades.

Por supuesto que una casa medianamente limpia y ordenada es primordial, también lo es el comer sano la mayor parte del tiempo, pero si no cumplimos al cien con nuestros objetivos previamente trazados, que nos sirva de lección para aterrizarlos a algo más realizable, no para culparnos, que eso ya nos sale solito.

A medida que seamos sinceras con lo que deseamos y podemos hacer las cosas empezarán a vivirse en nuestra casa de forma muy diferente. Las invito a hacer el experimento y me cuentan ¿les parece?

Como siempre, gracias por leer.

2 comentarios en “La autoexigencia

  1. Maria Chavez dijo:

    La culpa la tienen esas mamás de Instagram y Pinterst, que son flacas, siempre están peinadas y maquilladas, con más hijos que uno y siempre los chamacos arreglados y sonrientes. Debería haber un concepto de mamá normal y ya. Saludos 😉

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