¿Qué regalar de Navidad?

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Aunque estamos ya casi casi a un día de Navidad y seguramente la mayoría ya compraron sus regalos yo sé que hay mamás despistadas o muy ocupadas (o tías, abuelitas, madrinas, primas, etc) que aún están pensando ¿qué será lo mejor regalar a sus hijos o familiares? Sobretodo a los más pequeños, porque conforme crecen se encargan de dejarnos muy claro lo que quieren.

Así que aquí les voy con mis recomendaciones a la hora de decidir qué regalar, nadie me paga por recomendar (aunque no estaría mal jajaja), ni hay reglas fijas sobre los regalos, al menos en nuestra vida nada es fijo, si hay constantes pero todo puede pasar.

Puntos a considerar antes de comprar regalos navideños:

  • Edad:  Hay que considerar siempre los intereses de cada etapa, si son muy pequeños en que todo exploran con el tacto y el gusto y conforme van creciendo van queriendo retos y que sus juguetes sean más interactivos.
  • Presupuesto: Por más que queramos darles “lo mejor” hay que ser bien realistas y tratar de que desde pequeños valoren los esfuerzos que sus padres y seres queridos hacen por darles un regalo, valorar la intención no tanto lo que reciben y entender que el dinero no viene de fuentes infinitas, a veces olvidamos hablarles al respecto, es bueno platicarles un poco sobre cómo se venden y compran las cosas, sin necesidad de arruinar el momento, solo que sepan un poco sobre oferta y demanda.
  • Tiempo: Aunque no lo parezca comprar con tiempo ya no es algo muy realista, tanto por si las tiendas están llenas de gente, el tráfico, el trabajo no nos lo permite, etc. Hay que planear y organizarnos antes de salir sin idea de qué buscamos y dónde lo buscamos.
  • Intereses de quien regala y de a quien le regalas: Pasa seguido, o al menos a mi me pasa, que yo tengo muy claro lo que me gustaría regalar pero tengo que pensar en lo que cada niño quiere ¿qué le divierte en este momento de su vida? ¿qué preferiría? Si por mi fuera regalo siempre libros o juguetes didácticos, pero para todo hay momento y se vale a veces dar cosas que no van tanto con nuestros intereses pero si con los de los demás. El regalo debe llevar un poquito de nosotros y otro poco de ellos.
  • Tradiciones familiares: Cada familia tiene costumbres diferentes, en algunas Santa Claus trae los regalos, en otras son los reyes, en otras hay intercambios y en otras llegan todos y hay un desfile de regalos. También hay familias que tienen un promedio de costo de cada regalo y hay otras en que hay total libertad y a veces se regalan cosas muy costosas, hay que pensar en seguir con la tradición de nuestras familias y las de nuestra gente cercana y ser lo más respetuosos que podamos al respecto.
  • El factor social:  Sabemos ya bien que consumir local es lo mejor y que el consumismo no es para nada recomendable. Sabemos también que hay muchísimos millones de personas en situaciones muy difíciles y lo menos que podemos hacer es considerar todo eso antes de tomar nuestras decisiones. Ya sea que colaboremos de cierta forma en apoyar a quienes tienen menos o bien que consumamos lo menos posible, contribuyendo a que sea menos el consumismo cada navidad, lo importante es ser conscientes de que nuestro mundo no es solo lo que pasa dentro de casa sino todo lo que no nos toca ver pero sabemos que está ahí.

Una vez considerando todo lo anterior y habiendo tomado más o menos una decisión o al menos contemplando ya un área de interés, mis recomendaciones serían las siguientes:

  • Busca una tienda (o varias) en que puedas comprar la mayoría de los regalos que buscas.
  • Compra en línea, es muy práctico y muchas tiendas no cobran envío (solo considera los tiempos de entrega). Aquí hay opciones de negocios pequeños y gigantescos como costco, liverpool, sears, amazon, ebay, etc. Considera bien y analiza antes de comprar, sobretodo revisa antes de dar click en pagar, a veces hay trucos que nos hacen gastar de más.
  • Trata de olvidarte un poco del género y regala sin pensar en si son niños o niñas, sobretodo los pequeños, es bueno que todos aprendamos a hacer de todo desde chicos y el juego de roles se vale para ambas partes, de adultos todos cocinamos, todos limpiamos o al menos todos deberíamos hacerlo, independientemente de si somos hombres o mujeres.
  • No regales seres vivos, la mayoría de los pequeños no pueden hacerse cargo por completo de otro ser, si ya tienen mascota involúcralos en sus cuidados, pero si no la tienen, espera a que sean más grandes y adopten, hay muchas asociaciones de animalitos sin hogar.
  • Sobre marcas o tiendas les recomiendo las siguientes opciones:
  • Chocochips porque se me hace súper útil regalar algo así para los pequeños y es mexicano.
  • DidácticosABC porque tienen súper variedad de juguetes educativos para todas las edades (y es tienda mexicana)
  • En Monterrey encuentran Red Banana Kids que tienen cosas para todos los gustos.
  • Los mercados o tiendas pequeñas e independientes que se ponen dependiendo la ciudad en la que vivas, pero generalmente los fines de semana.
  • Acércate con artesanos y regala juguetes tradicionales mexicanos.
  • También es una súper opción hacer tu los regalitos, recuerden que los niños se entretienen con muy poco, en pinterest encuentran muchos tutoriales de actividades económicas que pueden disfrutar.
  • Pueden hacer intercambio de juguetes que ya no usen tanto entre primos o amiguitos así se siguen aprovechando. Si aún son muy pequeños y les cuesta desprenderse puede ser solo un juguete que intercambien por navidad.
  • Regálales tiempo, sean minutos si eres visita al momento de darles el regalo o bien si son tus hijos, juega con ellos. A veces disfrutan más las cajas del regalo, que el regalo en sí.

Espero mis recomendaciones de regalitos y de cómo pensar en regalar les sean de utilidad. Hay días en que se nos cierra la mente o bien en que estamos abrumados porque leemos noticias que nos apachurran el corazón. Hay que inculcar compasión y empatía en nuestros pequeños y regalarles siempre la oportunidad de ser felices y creativos. Las cosas son un extra, no necesitan mucho más.

¡Felices fiestas para ustedes y sus familias!

Y como siempre, gracias por leer 🙂

A la escuela ¿Cuándo es el mejor momento?

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ilustración de pinterest

Decidir a qué edad inician su escolarización nuestros hijos es un tema delicado, como la mayoría de las decisiones de crianza que, idealmente, se toman en privado, involucrando a los padres o a quienes estén a cargo de criar a un pequeño.

Es delicado porque existen evidencias de todo tipo que pueden hacernos sentir bien (o mal) respecto a nuestra decisión.

Delicado porque los padres nos sentimos juzgados de una u otra forma. Y a final de cuentas, como siempre sucede en la crianza, decidimos lo que nos acomoda mejor, a pesar de las opiniones de los demás.

Como bien saben yo les comparto lo que nos funciona a nosotros, lo que decidimos y lo que vamos haciendo. Y lo comparto por el gusto de hacerlo, porque es liberador hablar de ciertas cosas y además porque noto que muchas personas se identifican con lo que pensamos como familia.

Pues bien, decidimos que nuestro hijo iniciara su vida escolar a los dos años.

Para muchos fue una sorpresa porque ambos papás somos psicólogos y “sabemos” que no necesita ir a la escuela aún. Para otros era sorpresa que no fuera a antes porque ambos trabajamos (mucho) y no nos quedaba tanto tiempo para hacer todo lo necesario en el hogar sin que algo se saliera de control.

Para nosotros existieron motivos, que para fin práctico no son tan relevantes de explicar.

Nos preparamos con mucho (mucho) tiempo. Hicimos muchos ajustes en nuestra vida para estar listos y cómodos al respecto y sobretodo fuimos preparando a nuestro hijo para ese momento.

Quise esperar un par de semanas para contarles de nuestra experiencia para que fuera lo más real posible.

Ha sido fantástica.

Sabíamos que la separación física sería difícil porque nadie fuera de sus padres o abuelos lo había cuidado por dos años. Sabíamos que lloraría al vernos partir y también confiábamos en que iríamos viendo cómo se sentía conforme pasaban los días.

El hecho de haber estado del otro lado y trabajado con niños me dio la tranquilidad de saber que lo que sentía era normal y que mi hijo estaría bien. Algo clave era haber elegido la escuela correcta.

¿Cómo saber cuál es la escuela correcta?

Debe ser correcta para su familia. Aquella escuela en la que todos se sientan cómodos, no juzgados, no forzados. Aquella que vaya de acuerdo con su manera de criar, de pensar, de vivir. Aquella donde quienes reciben a tus hijos se parezcan a ti, en algo.

La escuela es la segunda casa y al buscar una opción para ustedes deberás pensar en eso. ¿En qué lugar te gustaría que viva tu hijo la mitad de su vida por más de 15 años al menos?

Hoy puedo contarles que desde el primer día nuestro hijo sale feliz, y antes de dos semanas se queda feliz en su salón, sin lágrimas y disfrutando de ir a jugar. Porque a los dos años, a eso van, a conocer más niños, a experimentar, a expresarse, a crecer.

Con esto no quiero para nada decir que todos los niños deban escolarizarse a esa edad, ni que no pueden crecer felices en casa. Más bien quiero decir que mientras confiemos en las decisiones que tomamos nuestros hijos confiarán.

Si nos ven tranquilos, estarán tranquilos eventualmente.

Si nos ven felices, estarán felices.

Para nosotros está siendo una gran experiencia. Gracias a las grandes personas a cargo de su educación y a que tomamos el tiempo necesario para nosotros antes de dar ese paso.

He encontrado muchas coincidencias con las demás mamás de sus compañeros. Todas estábamos dudosas días antes. Todas pensamos en algún momento ¿estaré haciendo lo correcto? ¿estará bien que lo lleve tan pequeño?

Dos semanas después, todas creemos que si.

La escuela debe ser un espacio de libertad (con reglas) y aprendizaje (con diversión). Ojalá todos los niños tuvieran la oportunidad de encontrar espacios que los ayuden a crecer. Ya sea en una institución o dentro de casa.

Por acá les iremos compartiendo más de nuestras experiencias.

Como siempre, gracias por leer.

Los grandiosos dos

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Si tienes hijos seguramente has escuchado a alguien advertirte sobre los terribles dos. Es real que es una edad complicada en muchos sentidos pues el bebecito que conocías va siendo cada vez más independiente, mostrando su carácter y haciendo que su voz se escuche (muchas veces en volúmenes elevados); también es real que tiene mucho muy bueno y por eso, poco más de un mes después de que nuestro (ya no tan) bebé chilaquil cumplió dos años quise escribir un poco al respecto.

Ser mamá de un niño de dos años es grandioso por muchos motivos:

  • Aunque aún no hablen del todo claro, son capaces de comunicarte muchas cosas que antes no podían.
  • Siempre quieren ayudar, involucrarse en todas las actividades del hogar y les encanta que confíes en ellos y les enseñes.
  • Tienen mucha energía, aunque aún duermen varias horas es posible pasear por largos ratos, jugar, salir, etc. ya pueden caminar un poco más sin querer estar siempre cargados.
  • Siempre están aprendiendo, cuando están ante cosas nuevas pueden concentrarse ya por mucho más tiempo, preguntan y se interesan mucho por cosas que no han visto antes.
  • Interactúan un poco más contigo y con los demás, de nuevas formas, van aprendiendo a comunicarse no solo en casa sino también con los demás.
  • Tienen la imaginación al 100, si les damos libertad son capaces de crear y crear, si los dejamos irán acostumbrándose a esto.
  • Muchos van estableciendo sus horarios de sueño ya más parecidos a los de sus papás.
  • Imitan lo que ven, es excelente momento para ajustar nuestros hábitos a lo que queremos que hagan parte de su rutina (sobretodo hablando de alimentación, higiene personal, etc.).
  • A pesar de que pareciera que su carácter está en explosión constante es mucho más probable que podamos evitar los berrinches si anticipamos las cosas, si vamos contándoles lo que pasará y acostumbrándolos a cierta estructura se van sintiendo más seguros y es menos difícil llevar el día a día.
  • Son auténticos y transparentes. Si se sienten mal o bien, lo expresan. Si están felices, si quieren bailar, si tienen hambre o sueño. No dudemos en creer en lo que nos transmiten.
  • Son simples y grandes exploradores, no necesitan muchas cosas, nos necesitan a nosotros y mucho amor, son felices de saberse acompañados y queridos y si se acostumbran a esto en el futuro también valorarán más todo eso bueno que tienen.

Con todo esto grandioso que les comparto para nada niego la parte difícil de ese temperamento que los caracteriza, no niego que hay días que nos parecen más largos, o cansados. Noches que no entendemos por qué no quieren dormir, berrinches que a pesar de todos los intentos no logramos sobrellevar como quisiéramos o momentos de frustración donde no entendemos lo que nos quieren decir.

Mi intención es invitar a todos los padres a no temerle a que su niño cumpla 2 años, es una edad llena de cosas divertidas y sabiduría de su parte que nos compartirá, armémonos de paciencia pero sobretodo recordemos que no tenemos pequeños adultos en casa, ni estamos pasando por una constante supervisión de limpieza y orden, podemos tener los platos sucios un ratito más, podemos no tender la cama a la misma hora, lo mejor es no perdernos esos momentos que duran tan poquito y valen tanto ¿no creen?

Como siempre, gracias por leer.

 

¿Mamá de tiempo completo?

workinmomDentro de las muchas decisiones que tomamos en el camino de la maternidad nos enfrentamos a la duda de si continuaremos trabajando o no, para todas las mamás que trabajábamos antes de ser madres.

Continuar con nuestras carreras profesionales se pone en duda ¿hacemos pausa? ¿trabajamos menos tiempo? ¿trabajamos desde casa? Además de esto muchas veces necesitamos ese ingreso pues hoy en día es muy complicado sostener una familia con el ingreso de solo uno de los padres así que ¿cómo compaginarlo todo? ¿cómo crías a tus hijos dándoles la atención que quieres y además cumpliendo con las necesidades reales de manutención? ¿cómo, además, alimentas ese deseo de crecimiento profesional que aún sientes presente en tu vida?

La decisión es personal y nunca es fácil, una vez que la tomas quedarás invariablemente clasificada en cierto grupo:

La mamá que no trabaja

La mamá que trabaja en casa

La mamá que sale todos los días a trabajar y tiene que dejar a su bebé

Todas somos mamás, a todas nos cuesta decidirlo y a todas nos cuesta cumplirlo a diario.

Esa mamá que no trabaja, pasa todo el día atendiendo a su bebé, su hogar e intentando atenderse a si misma, además de que muchas veces no termina de encajar en ningún lado y empieza a buscar una nueva tribu porque la anterior ya no la acepta de la misma forma. Les parece tan cómodo que tenga “tanto tiempo libre” que la excluyen o juzgan.

Esa otra mamá que trabaja en casa, se la pasa sintiéndose culpable los ratos que tiene que entregar algún proyecto y desatiende por momentos a tu bebé, culpable por todos esos días que el trabajo le impidió cocinar y comer saludable o bien por los días que salió a pasear con su familia y se olvidó de responder varios correos.

Y la mamá que sale a trabajar a diario se va a la oficina llorando muchas veces, sabiéndose juzgada, deseando estar en casa durmiendo la siesta con su hijo, queriendo tomarle la temperatura ella misma o disfrutando sus gestos y sonrisas al probar la comida de hoy. A pesar de que tiene tiempo para ella y sigue “creciendo” profesionalmente lo hace con el corazón apachurrado a veces, sin estar convencida de sus decisiones.

Y así, a todas nos pasa, que dudamos y que nos sentimos juzgadas por los demás, aunque claro que esa culpa sale primero que nada de nosotras mismas.

Cada una teníamos un ideal, cada una fuimos hija, hermana, esposa, antes de ser madre y esas mujeres soñaban con ciertas cosas que hoy, después de las decisiones que hemos tomado, son las que nos reclaman. Esas cosas que soñábamos vienen cuando nos distraemos y nos reclaman en voz bajita “¿y si te estás equivocando?”

Ahí vamos por la vida con nuestras dudas y entonces entramos al mundo de las mamás, ese mundo en el que nos apoyamos muchas veces pero otras muchas también nos juzgamos y dejamos que los reclamos vayan y juzguen las decisiones de los demás. De repente nos vemos cayendo en eso que no nos gusta que nos hagan y criticamos a la otra mamá, que decidió lo que nosotras no pudimos o quisimos.

Creo fielmente que para todas es difícil y creo que si recordáramos eso un poco más tal vez nos olvidaríamos un poco más fácil de las diferencias. Cuando veamos que otra mamá toma una decisión que nos parece sencilla intentemos no juzgar y si no la comprendemos démosle el beneficio de la duda.

Estamos tratando y lo estamos haciendo lo mejor que podemos.

Gracias por leer.

*ilustración de pinterest

 

¿Berrinches?

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Soy la menos fan de la generalización pero me atrevo a afirmar que al menos una vez en la vida los papás pasamos por un berrinche de nuestros hijos, o muchos, de igual forma creo que nos preocupamos y tratamos de actuar lo mejor posible.

Así como nuestros pequeños aprenden a caminar gateando, no pueden aprender a relacionarse socialmente y regular y expresar sus emociones de forma automática, tienen que experimentar y para esto los berrinches son los primeros pasos.

Siempre buscaremos evitarlos, para esto es importante:

  • Que cuenten con rutinas establecidas de alimentación y descanso.
  • Que tengan libertad de elección y expresión.
  • Que sus necesidades afectivas, de atención y protección estén cubiertas.
  • Que las reglas que les ponemos tengan un motivo.

Si a pesar de esforzarnos para que lo anterior esté cubierto aparecen los berrinches ¿qué podemos hacer?

  • Respirar profundo, tener paciencia y enfocarnos en las emociones de nuestros hijos, no en su conducta incorrecta.
  • Entender que su berrinche está tratando de comunicar emociones que no tienen otra forma de transmitir, al estar ahí poco a poco podremos mostrarles un camino hacia esa expresión.
  • No busquemos razonar mientras están muy enojados pues no pueden escucharnos.
  • Acompañarlos sin pena, aunque estemos en público, en ese momento importa que se sientan apoyados no lo que los demás piensen de nosotros como padres.
  • Muchas veces el ofrecerles abrazos o alternativas a sus deseos hace que su berrinche empeore, es bueno estar en silencio a su lado hasta que se tranquilicen.
  • Una vez que pase el berrinche es bueno ofrecerles abrazos, consolarlos y hablar respecto a lo que sintieron y están sintiendo, hacerles saber que nos importa y lo comprendemos.

Muchas veces los berrinches aparecen porque dijimos que no a algo que no tiene un motivo detrás, solo porque creemos que hay que decir que no. Es bueno analizar antes de negarles las cosas, así como antes de decirles que si. No se trata de darles gusto en todo, solo buscar los motivos detrás de nuestra respuesta.

A pesar de conocer la teoría en el momento podemos frustrarnos nosotros también y no saber cómo expresarnos o cómo estar tranquilos ante sus gritos. Poco a poco iremos aprendiendo juntos y logrando establecer una mejor comunicación, así como ellos están creciendo convirtiéndose en niños nosotros estamos creciendo, aprendiendo a ser papás.

Como siempre, gracias por leer.

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Crianza respetuosa

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Existen muchos estilos de crianza y como en todo hay quienes los llevan al pie de la letra, quienes solo conocen uno, quienes están en contra de los demás y quienes buscan su propio estilo.

La mayoría de los padres buscamos constantemente, en afán de criar hijos fuertes, felices con su vida y capaces de experimentar y aprender junto con nosotros. Y ahí es donde entra el respeto.

El respeto a todos en la familia, porque la crianza es trabajo en equipo. Ya sea entre padre y madre, con ayuda de abuelos, de maestros, primos, tíos, vecinos, nanas, pero la crianza implica apoyo, tolerancia y siempre respeto, o al menos ese es el ideal que debemos perseguir.

Criar de forma respetuosa implica mucha espera, desde el embarazo respetar el momento de su nacimiento, respetarles sus tiempos para comer, sus preferencias, dejarlos experimentar su entorno con libertad, acompañarlos sin tanta limitante pero siempre al pendiente, respetar sus tiempos para desarrollo de lenguaje, control de esfínteres, etc.

De ahí la importancia de no imponerles ciertas reglas antes de tiempo, no se trata de dejarlos hacer lo que quieran, sino de respetar sus momentos. Las reglas existen y son indispensables para la convivencia, solo hay reglas que para un bebé no tienen mucho sentido y terminan por confundirlos o hacerlos asociar regla con algo negativo. Es por eso que los padres (o el cuidador ) debemos estar muy atentos a los tiempos de cada uno de nuestros hijos. No todos están listos para lo mismo al mismo tiempo.

Es cierto que hay lineamientos generales (como el hecho de que la introducción de sólidos se recomienda ya que se sientan por si mismos) pero cada caso será distinto y por eso la crianza es un trabajo de tiempo completo. Porque formar seres humanos no tiene horario ni manual y porque la personalidad de cada uno nos va indicando el camino.

Antes creíamos que los niños nacían en blanco y ahora sabemos que no, vienen llenos de conocimiento solo hay que dejarlos ir aprendiendo a traducirlo y compartirlo con nosotros.

Existirán temas complicados, a diario nos equivocamos y la crianza tradicional (en la que el adulto sabe y el niño no) aparece muchas veces en los peores momentos (cuando los padres nos asustamos, nos enojamos o nos cansamos), pero igual a diario tenemos oportunidades de modificar nuestras reacciones y así crecer y aprender juntos.

Entonces cada que escuchemos sobre la crianza respetuosa pensemos en esto que les comparto, respeto de todos, se respeta al padre y su papel irremplazable en la vida de los hijos, se respeta el rol de los abuelos, de los amigos y claro que también se respeta la libertad de cada niño.

Un trabajo difícil pero ¿quién dijo que tenía que ser fácil? A disfrutar, que duran muy poco pequeños.

Como siempre, gracias por leer.

¿A qué juegan cuando juegan solos?

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¿Qué tanto le gusta a tus hijos jugar solos? ¿Desde qué edad? ¿Te has puesto a observar qué rol tienes en sus juegos?

No intervenir en las actividades de un niño, sobre todo si es muy pequeño, es un reto bastante grande o al menos así lo ha sido para mi.

La industria del juguete nos vende de todo para estimularlos desde que nacen. Móviles, peluches, mordederas, juguetes con sonidos, libros con texturas, etc. No necesariamente estoy en contra de los juguetes educativos, de hecho son de mis favoritos, pero es muy bueno darnos cuenta de que no son indispensables.

Los niños tienen suficientes estímulos con el mundo, porque lo están conociendo y todos los días aprenden cosas nuevas. Tienen sus sentidos para ir experimentándolo todo, avientan, prueban, escuchan, observan sin parar. Puede resultar muy atractivo para nosotros como padres el intervenir en ese proceso. Les queremos enseñar, con nuestras mejores intenciones, pero a veces no los dejamos explorar lo suficiente o no los dejamos hacerlo como ellos quieren porque pensamos que está mal lo que están haciendo.

Conforme crecen van acumulando juguetes y más cosas. No todos educativos pero si todos (o la mayoría) saturados de color, estímulo y de mucho qué ofrecer pero no siempre lo suficientemente retadores para los niños.

Mi consejo no será que tiremos los juguetes ni que dejemos de comprar o regalar juguetes de los que les gusten a ellos (o a nosotros muchas veces). Así como con la televisión cada casa determina sus reglas (ya platicaremos al respecto en otro post), con los juguetes y el estilo de juego cada quién es libre de hacer lo que mejor le parezca.

Mi invitación, sin embargo, es a informarnos un poco más sobre el juego autorregulado, sobre dejarlos decidir y explorar, dejar que jueguen a lo que ellos quieran. A veces querrán jugar con cajas de cartón, a veces con colores, a veces con recipientes de la cocina, a veces con libros, a veces con plastilina, con sus zapatos y otras veces, con sus juguetes.

Dejarlos jugar solos no significa que estaremos lejos o desinteresados, podemos jugar con ellos y ser participantes activos pero lo interesante y más enriquecedor es dejarlos que ellos nos guíen y sepan que estamos ahí.

En las imágenes que les comparto (tomadas de pinterest) les presento ideas de rincones donde los niños pueden explorar sobretodo las artes pero solo son eso, ideas de lo que podemos hacer para dejarlos ser. No es indispensable tener mesas, pizarrones, no es necesario gastar, lo que necesitamos es atrevernos a desechar muchas ideas y dejarnos sorprender. ¿No creen?

Como siempre, muchas gracias por leer.

Dejemos de culparnos

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Independientemente de nuestra historia, generalmente crecemos sabiendo lo que se espera de nosotras: que seamos inteligentes, trabajadoras, dulces, bonitas… cualquier adjetivo puede caber aquí.

Vamos cumpliendo expectativas que notamos en los demás, nuestros papás, nuestros maestros, nuestros amigos y parejas eventualmente. Y claro que en la adolescencia entramos en conflicto sobre eso que se espera y lo que nosotras queremos ¿realmente lo queremos? y si no es así ¿qué queremos? ¿por qué? y ¿cómo nos sentimos al respecto?

Pues bien, si las cosas evolucionan de la mejor forma y llegamos a ciertas conclusiones felices y decidimos un buen día ser madres esperamos que el proceso sea un poco menos complejo, porque fue nuestra decisión, ¿o no?

Pues no siempre, resulta que una vez convertidas en madres todas aquellas expectativas regresan, juntitas y se forman una tras otra para tocar nuestra puerta.

Y empieza el desfile de culpas…

¿Habremos decidido bien? ¿Estaremos haciendo bien las cosas?

Ser mamás nos regresa a un punto emocional en el que estamos muy vulnerables y aunque se puede salir de ahí es muy común quedarnos acostumbradas a culparnos.

Nos culpamos por estar cansadas, por no tiempo de ponernos más guapas, por salir a trabajar, o bien por estar en el teléfono mientras cuidamos a nuestros hijos.

Nos culpamos si no les gusta nuestra comida, si se enferman, si nos desesperamos o si un día alguien los cuida para poder ir al cine.

También nos culpamos cuando vamos por la calle y vemos una mamá que pareciera lograr todo lo que nosotros no logramos.

Y entonces pareciera que nada es suficiente, que nunca lo logramos y que estamos en una constante competencia con quienes quisiéramos ser y quienes somos, con las otras madres y nosotras.

Y la culpa se acomoda en nuestra vida, encuentra su lugar.

Deshacernos de ella no es sencillo pero quita tanto peso que bien vale la pena intentarlo ¿no creen?

Si nos esforzamos y ponemos la misma energía que usamos en culparnos, en hacer las cosas lo mejor que podemos y darnos crédito por eso les aseguro que los días pesados se hacen poquito más ligeros y los días felices se disfrutan mucho más.

Ya no estamos en aquellos momentos en que cumplimos con todas esas expectativas, ahora es momento de disfrutarnos como mamás y aprovechar a nuestros niños, probablemente de paso ellos logren crecer más libres y con menos culpas.

¡Gracias por leer!

Se vale llorar

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¿Les ha pasado que hay días en que sus hijos amanecieron de malas? ¿O ustedes están de malas?

Esos días en que la paciencia se nos acaba, desde antes de las 8 de la mañana. La casa se desordena, se nos quema la comida, en fin, que todo sale mal. Hay una edad en la que los niños empiezan a hacer berrinches.

Oh si, los berrinches. Temidos y terribles berrinches.

Tienen la capacidad de sacar lo peor de los papás porque son justamente un montón de emociones sin nombre, todas juntas, desbordadas e intensas que, por lo general, se expresan con gritos y llanto.

¿Qué hacemos?

Decirles que no lloren o castigarlos porque no se tranquilizan, o a veces, gritamos más, jugamos competencias con ellos, y después sentimos una culpa aún más desbordante.

No es para nada un tema fácil de sobrellevar, pero es posible.

Confieso que, aunque a veces soy muy paciente, en mis días malos me da por gritar, y por más culpa que me de he ido aprendiendo que así como debo permitirle a mi hijo expresar sus emociones, debo permitírmelo a mi.

Aunque el aún no sabe hablar claramente y eso lo frustra aún más, tenemos ambos el derecho de sentirnos mal, enojarnos y gritar, solo hay que ir aprendiendo formas de desahogarnos sin dañar a los que tenemos al lado.

La clave aquí, en nuestro caso, ha sido trabajar en no decirle “no llores”

¿Por qué no deberíamos llorar?  ¿qué tiene de malo enojarse?

Aparentemente en nuestro mundo cada vez está peor visto el sentirse mal o el expresar las emociones como son. Aún estamos a tiempo para acompañar a nuestros hijos en sus malos momentos desde otro punto de vista.

Un berrinche no son ganas de molestar. No es “portarse mal” o “medirnos”. Se trata de sus momentos en los que no pueden expresar de otra forma cómo se sienten y con el berrinche nos dicen algo, muchos algos.

¿Pesado? Si

¿Cansado? Si

¿Imposible? No

Conforme vamos entendiendo que no somos ni mejores ni peores padres al frustrarnos podemos aceptar que nuestros sentimientos tienen un sentido que trasciende el momento.

¿Qué podemos hacer?

Acompañarlos, acompañarnos mutuamente por ellos y dejar que las emociones aparezcan, así como van. Si estamos felices, se vale reir, si estamos tristes se vale llorar. Expresar las emociones es sano, siempre que no atropellemos al otro, se vale expresarnos porque es parte de quienes somos. Crecemos con nuestros hijos, de la mano, y nos frustramos junto con ellos.

Cada caída la sentimos y nos duele, cada enfermedad, cada llanto.

De igual forma les recomiendo darse permiso de enojarse, de sufrir y de expresarlo. Conforme cada hijo vea a sus padres en paz con la expresión de sus emociones, ese hijo tendrá una mejor relación con su vida emocional y eso le hará mucho más llevadero su camino por este mundo.

Hoy fue un día con altos y bajos en chilaquilandia, pero como siempre, después de la tempestad viene la calma y nos vamos a dormir tranquilos, en paz y sabiéndonos amados, les deseamos lo mismo a ustedes.

Como siempre muchas gracias por leer.

*ilustración de pinterest

El arte de pausar

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Independientemente de cómo era tu vida antes de ser mamá, a partir de ese momento el ritmo se acelera. En todos los sentidos. El ritmo de la rutina, el de tu corazón, el de la economía. Es como ponerle cámara rápida a todo y a la vez querer atesorar cada segundo porque son muchos momentos únicos. ¿Complicado verdad?

Si tenemos antecedentes de ser complicadas, perfeccionistas o hacer muchas cosas a la vez la maternidad puede irse complicando un poquito más en nuestra mente. En la práctica va saliendo, es lo bueno.

Así que cuando trabajas, estudias, eres ama de casa y quieres estar presente en la crianza de tus hijos empiezan a aparecer señales de alerta en cuanto al estrés, el descanso y las pausas.

Esas pausas.

Tan necesarias y recomendadas por todos. ¿Cuántas veces has escuchado algo así?

Duerme, te hará bien.

Dense un tiempo, déjenlo con los abuelos.

Mételo a la guardería, le hace bien.

Las pausas son necesarias, enriquecedoras y parte importante de conseguir un balance entre la vida y metas personales y la vida familiar y de mamá. ¿Pero qué renuncias estamos dispuestas a hacer?

No hay fórmula y nadie puede decirnos qué es lo mejor para nosotras ni nuestros bebés. Más allá de cuidarlos lo mejor posible y asegurarnos de satisfacer sus necesidades de alimentación y salud, la parte emocional corresponde a nosotras en mancuerna con su papá. ¿Hasta dónde está bien? Es muy relativo.

Hay padres que son más felices con rutinas estructuradas, trabajos con horario de oficina y sus niños en guardería. Eso les funciona muy bien y están en paz.

Otros tienen trabajo en casa, trabajan sin horario y están con sus hijos todo el tiempo, luchando por equilibrar claro y eso es lo que les funciona y también les da paz.

Entonces ¿quién está mal?

Desde mi punto de vista no se trata de ver quién está mal sino de buscar lo que a cada quién nos sirve y al final del día nos permite descansar.

La razón y la emoción no son, necesariamente, las mejores amigas. Una siempre va a pesar más que la otra y hay que ir buscando cómo darles su lugar, en esa rutina que tenemos llena de velocidad.

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¿Y por qué hablo de esto ahora?

Les comparto esto porque he tenido las últimas dos semanas en pausa total (físicamente hablando) y eso me ha dejado analizar mi rutina acelerada desde afuera. Esto es lo que he aprendido:

Cada vez que la vida nos obliga a hacerle caso es porque no estábamos escuchando, tal vez. Si bien a diario hago pausas nunca podía pausar por completo o soltar por completo como ahora.

Mi hijo disfruta plenamente estar con su papá, con sus abuelas, sus tíos y sus amigos. Siempre ha sido así, pero ahora me ha demostrado cómo está bien sin mi, yo sin y el y como aprendemos a disfrutarnos cuando estamos juntos.

No todos tienen que romperse un hueso para entenderlo pero hay a quienes nos sirve y nos deja tomar distancia, no solo de los hijos, sino de todos los proyectos personales que tenemos en mente.

He aprendido que mucha gente da consejos porque no sabe qué más hacer y muchas veces esos consejos nos confunden. Como ya he dicho en varias ocasiones, creo que lo mejor es escucharlos y sin más dejarlos ir. A menos que sean consejos que encontremos útiles, solo hay que tomarlos como buenos deseos aunque vayan totalmente en contra de lo que creemos.

Casi nadie nos dará un consejo para hacernos un daño ¿verdad? Entonces si nos aconsejan algo que no nos gusta, respondamos con la mejor actitud y sigamos adelante.

Me ha servido mucho agradecer a mi cuerpo todo lo que está haciendo bien, valorar toda la salud que si tengo y cada que me siento mal por lo que está mal enfocarme en que eso es algo pequeño y lo que gana es lo bueno (específicamente hablando de mi salud). Una fractura es algo irrelevante si lo comparamos con miles de enfermedades que la gente padece, así que cuando empiezo a sentirme mal por lo que me pasa lo pongo en perspectiva y pronto me encuentro agradeciendo tener tanta salud y tanto apoyo.

El apoyo es básico. Yo tengo la fortuna de tener un esposo, una familia y un grupo de amigos muy cercanos, que están al pendiente de mi y me atienden todo lo que pueden. Me hacen la vida fácil y me demuestran que puedo pausar, siempre que lo necesite.

Estar inmóvil me ha hecho aceptar todo lo que no puedo hacer y eso me ayuda a valorar lo que si puedo. Así que estoy segura que en seis semanas más, cuando mi movilidad regrese a su totalidad emprenderé un nuevo camino, una nueva rutina mucho más humilde y menos intensa. Seguirá veloz, porque la vida es imparable, pero seré mucho más sincera con mis capacidades y disfrutaré cada momento y actividad desde otra perspectiva, o al menos lo intentaré.

La crianza nos hace crecer a ambas partes, padres e hijos por igual nos formamos en este camino y en este momento yo me siento más fuerte aunque tenga una pierna débil.

La pausa que necesitaba me hace sentir más equilibrada, más realista y sobretodo me ha mostrado cómo es estar en el presente de verdad.

Las invito a ser bien sinceras con ustedes mismas, limiten sus actividades a lo que disfrutan y pueden hacer y vayan haciendo el ejercicio de soltar día a día algo que ya no pueden o quieren hacer, así la carga se hace ligera y todo se disfruta más.

Como siempre, muchas gracias por leer 🙂

 

*ilustraciones de pinterest