¿A qué juegan cuando juegan solos?

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¿Qué tanto le gusta a tus hijos jugar solos? ¿Desde qué edad? ¿Te has puesto a observar qué rol tienes en sus juegos?

No intervenir en las actividades de un niño, sobre todo si es muy pequeño, es un reto bastante grande o al menos así lo ha sido para mi.

La industria del juguete nos vende de todo para estimularlos desde que nacen. Móviles, peluches, mordederas, juguetes con sonidos, libros con texturas, etc. No necesariamente estoy en contra de los juguetes educativos, de hecho son de mis favoritos, pero es muy bueno darnos cuenta de que no son indispensables.

Los niños tienen suficientes estímulos con el mundo, porque lo están conociendo y todos los días aprenden cosas nuevas. Tienen sus sentidos para ir experimentándolo todo, avientan, prueban, escuchan, observan sin parar. Puede resultar muy atractivo para nosotros como padres el intervenir en ese proceso. Les queremos enseñar, con nuestras mejores intenciones, pero a veces no los dejamos explorar lo suficiente o no los dejamos hacerlo como ellos quieren porque pensamos que está mal lo que están haciendo.

Conforme crecen van acumulando juguetes y más cosas. No todos educativos pero si todos (o la mayoría) saturados de color, estímulo y de mucho qué ofrecer pero no siempre lo suficientemente retadores para los niños.

Mi consejo no será que tiremos los juguetes ni que dejemos de comprar o regalar juguetes de los que les gusten a ellos (o a nosotros muchas veces). Así como con la televisión cada casa determina sus reglas (ya platicaremos al respecto en otro post), con los juguetes y el estilo de juego cada quién es libre de hacer lo que mejor le parezca.

Mi invitación, sin embargo, es a informarnos un poco más sobre el juego autorregulado, sobre dejarlos decidir y explorar, dejar que jueguen a lo que ellos quieran. A veces querrán jugar con cajas de cartón, a veces con colores, a veces con recipientes de la cocina, a veces con libros, a veces con plastilina, con sus zapatos y otras veces, con sus juguetes.

Dejarlos jugar solos no significa que estaremos lejos o desinteresados, podemos jugar con ellos y ser participantes activos pero lo interesante y más enriquecedor es dejarlos que ellos nos guíen y sepan que estamos ahí.

En las imágenes que les comparto (tomadas de pinterest) les presento ideas de rincones donde los niños pueden explorar sobretodo las artes pero solo son eso, ideas de lo que podemos hacer para dejarlos ser. No es indispensable tener mesas, pizarrones, no es necesario gastar, lo que necesitamos es atrevernos a desechar muchas ideas y dejarnos sorprender. ¿No creen?

Como siempre, muchas gracias por leer.

Dejemos de culparnos

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Independientemente de nuestra historia, generalmente crecemos sabiendo lo que se espera de nosotras: que seamos inteligentes, trabajadoras, dulces, bonitas… cualquier adjetivo puede caber aquí.

Vamos cumpliendo expectativas que notamos en los demás, nuestros papás, nuestros maestros, nuestros amigos y parejas eventualmente. Y claro que en la adolescencia entramos en conflicto sobre eso que se espera y lo que nosotras queremos ¿realmente lo queremos? y si no es así ¿qué queremos? ¿por qué? y ¿cómo nos sentimos al respecto?

Pues bien, si las cosas evolucionan de la mejor forma y llegamos a ciertas conclusiones felices y decidimos un buen día ser madres esperamos que el proceso sea un poco menos complejo, porque fue nuestra decisión, ¿o no?

Pues no siempre, resulta que una vez convertidas en madres todas aquellas expectativas regresan, juntitas y se forman una tras otra para tocar nuestra puerta.

Y empieza el desfile de culpas…

¿Habremos decidido bien? ¿Estaremos haciendo bien las cosas?

Ser mamás nos regresa a un punto emocional en el que estamos muy vulnerables y aunque se puede salir de ahí es muy común quedarnos acostumbradas a culparnos.

Nos culpamos por estar cansadas, por no tiempo de ponernos más guapas, por salir a trabajar, o bien por estar en el teléfono mientras cuidamos a nuestros hijos.

Nos culpamos si no les gusta nuestra comida, si se enferman, si nos desesperamos o si un día alguien los cuida para poder ir al cine.

También nos culpamos cuando vamos por la calle y vemos una mamá que pareciera lograr todo lo que nosotros no logramos.

Y entonces pareciera que nada es suficiente, que nunca lo logramos y que estamos en una constante competencia con quienes quisiéramos ser y quienes somos, con las otras madres y nosotras.

Y la culpa se acomoda en nuestra vida, encuentra su lugar.

Deshacernos de ella no es sencillo pero quita tanto peso que bien vale la pena intentarlo ¿no creen?

Si nos esforzamos y ponemos la misma energía que usamos en culparnos, en hacer las cosas lo mejor que podemos y darnos crédito por eso les aseguro que los días pesados se hacen poquito más ligeros y los días felices se disfrutan mucho más.

Ya no estamos en aquellos momentos en que cumplimos con todas esas expectativas, ahora es momento de disfrutarnos como mamás y aprovechar a nuestros niños, probablemente de paso ellos logren crecer más libres y con menos culpas.

¡Gracias por leer!

Se vale llorar

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¿Les ha pasado que hay días en que sus hijos amanecieron de malas? ¿O ustedes están de malas?

Esos días en que la paciencia se nos acaba, desde antes de las 8 de la mañana. La casa se desordena, se nos quema la comida, en fin, que todo sale mal. Hay una edad en la que los niños empiezan a hacer berrinches.

Oh si, los berrinches. Temidos y terribles berrinches.

Tienen la capacidad de sacar lo peor de los papás porque son justamente un montón de emociones sin nombre, todas juntas, desbordadas e intensas que, por lo general, se expresan con gritos y llanto.

¿Qué hacemos?

Decirles que no lloren o castigarlos porque no se tranquilizan, o a veces, gritamos más, jugamos competencias con ellos, y después sentimos una culpa aún más desbordante.

No es para nada un tema fácil de sobrellevar, pero es posible.

Confieso que, aunque a veces soy muy paciente, en mis días malos me da por gritar, y por más culpa que me de he ido aprendiendo que así como debo permitirle a mi hijo expresar sus emociones, debo permitírmelo a mi.

Aunque el aún no sabe hablar claramente y eso lo frustra aún más, tenemos ambos el derecho de sentirnos mal, enojarnos y gritar, solo hay que ir aprendiendo formas de desahogarnos sin dañar a los que tenemos al lado.

La clave aquí, en nuestro caso, ha sido trabajar en no decirle “no llores”

¿Por qué no deberíamos llorar?  ¿qué tiene de malo enojarse?

Aparentemente en nuestro mundo cada vez está peor visto el sentirse mal o el expresar las emociones como son. Aún estamos a tiempo para acompañar a nuestros hijos en sus malos momentos desde otro punto de vista.

Un berrinche no son ganas de molestar. No es “portarse mal” o “medirnos”. Se trata de sus momentos en los que no pueden expresar de otra forma cómo se sienten y con el berrinche nos dicen algo, muchos algos.

¿Pesado? Si

¿Cansado? Si

¿Imposible? No

Conforme vamos entendiendo que no somos ni mejores ni peores padres al frustrarnos podemos aceptar que nuestros sentimientos tienen un sentido que trasciende el momento.

¿Qué podemos hacer?

Acompañarlos, acompañarnos mutuamente por ellos y dejar que las emociones aparezcan, así como van. Si estamos felices, se vale reir, si estamos tristes se vale llorar. Expresar las emociones es sano, siempre que no atropellemos al otro, se vale expresarnos porque es parte de quienes somos. Crecemos con nuestros hijos, de la mano, y nos frustramos junto con ellos.

Cada caída la sentimos y nos duele, cada enfermedad, cada llanto.

De igual forma les recomiendo darse permiso de enojarse, de sufrir y de expresarlo. Conforme cada hijo vea a sus padres en paz con la expresión de sus emociones, ese hijo tendrá una mejor relación con su vida emocional y eso le hará mucho más llevadero su camino por este mundo.

Hoy fue un día con altos y bajos en chilaquilandia, pero como siempre, después de la tempestad viene la calma y nos vamos a dormir tranquilos, en paz y sabiéndonos amados, les deseamos lo mismo a ustedes.

Como siempre muchas gracias por leer.

*ilustración de pinterest

El arte de pausar

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Independientemente de cómo era tu vida antes de ser mamá, a partir de ese momento el ritmo se acelera. En todos los sentidos. El ritmo de la rutina, el de tu corazón, el de la economía. Es como ponerle cámara rápida a todo y a la vez querer atesorar cada segundo porque son muchos momentos únicos. ¿Complicado verdad?

Si tenemos antecedentes de ser complicadas, perfeccionistas o hacer muchas cosas a la vez la maternidad puede irse complicando un poquito más en nuestra mente. En la práctica va saliendo, es lo bueno.

Así que cuando trabajas, estudias, eres ama de casa y quieres estar presente en la crianza de tus hijos empiezan a aparecer señales de alerta en cuanto al estrés, el descanso y las pausas.

Esas pausas.

Tan necesarias y recomendadas por todos. ¿Cuántas veces has escuchado algo así?

Duerme, te hará bien.

Dense un tiempo, déjenlo con los abuelos.

Mételo a la guardería, le hace bien.

Las pausas son necesarias, enriquecedoras y parte importante de conseguir un balance entre la vida y metas personales y la vida familiar y de mamá. ¿Pero qué renuncias estamos dispuestas a hacer?

No hay fórmula y nadie puede decirnos qué es lo mejor para nosotras ni nuestros bebés. Más allá de cuidarlos lo mejor posible y asegurarnos de satisfacer sus necesidades de alimentación y salud, la parte emocional corresponde a nosotras en mancuerna con su papá. ¿Hasta dónde está bien? Es muy relativo.

Hay padres que son más felices con rutinas estructuradas, trabajos con horario de oficina y sus niños en guardería. Eso les funciona muy bien y están en paz.

Otros tienen trabajo en casa, trabajan sin horario y están con sus hijos todo el tiempo, luchando por equilibrar claro y eso es lo que les funciona y también les da paz.

Entonces ¿quién está mal?

Desde mi punto de vista no se trata de ver quién está mal sino de buscar lo que a cada quién nos sirve y al final del día nos permite descansar.

La razón y la emoción no son, necesariamente, las mejores amigas. Una siempre va a pesar más que la otra y hay que ir buscando cómo darles su lugar, en esa rutina que tenemos llena de velocidad.

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¿Y por qué hablo de esto ahora?

Les comparto esto porque he tenido las últimas dos semanas en pausa total (físicamente hablando) y eso me ha dejado analizar mi rutina acelerada desde afuera. Esto es lo que he aprendido:

Cada vez que la vida nos obliga a hacerle caso es porque no estábamos escuchando, tal vez. Si bien a diario hago pausas nunca podía pausar por completo o soltar por completo como ahora.

Mi hijo disfruta plenamente estar con su papá, con sus abuelas, sus tíos y sus amigos. Siempre ha sido así, pero ahora me ha demostrado cómo está bien sin mi, yo sin y el y como aprendemos a disfrutarnos cuando estamos juntos.

No todos tienen que romperse un hueso para entenderlo pero hay a quienes nos sirve y nos deja tomar distancia, no solo de los hijos, sino de todos los proyectos personales que tenemos en mente.

He aprendido que mucha gente da consejos porque no sabe qué más hacer y muchas veces esos consejos nos confunden. Como ya he dicho en varias ocasiones, creo que lo mejor es escucharlos y sin más dejarlos ir. A menos que sean consejos que encontremos útiles, solo hay que tomarlos como buenos deseos aunque vayan totalmente en contra de lo que creemos.

Casi nadie nos dará un consejo para hacernos un daño ¿verdad? Entonces si nos aconsejan algo que no nos gusta, respondamos con la mejor actitud y sigamos adelante.

Me ha servido mucho agradecer a mi cuerpo todo lo que está haciendo bien, valorar toda la salud que si tengo y cada que me siento mal por lo que está mal enfocarme en que eso es algo pequeño y lo que gana es lo bueno (específicamente hablando de mi salud). Una fractura es algo irrelevante si lo comparamos con miles de enfermedades que la gente padece, así que cuando empiezo a sentirme mal por lo que me pasa lo pongo en perspectiva y pronto me encuentro agradeciendo tener tanta salud y tanto apoyo.

El apoyo es básico. Yo tengo la fortuna de tener un esposo, una familia y un grupo de amigos muy cercanos, que están al pendiente de mi y me atienden todo lo que pueden. Me hacen la vida fácil y me demuestran que puedo pausar, siempre que lo necesite.

Estar inmóvil me ha hecho aceptar todo lo que no puedo hacer y eso me ayuda a valorar lo que si puedo. Así que estoy segura que en seis semanas más, cuando mi movilidad regrese a su totalidad emprenderé un nuevo camino, una nueva rutina mucho más humilde y menos intensa. Seguirá veloz, porque la vida es imparable, pero seré mucho más sincera con mis capacidades y disfrutaré cada momento y actividad desde otra perspectiva, o al menos lo intentaré.

La crianza nos hace crecer a ambas partes, padres e hijos por igual nos formamos en este camino y en este momento yo me siento más fuerte aunque tenga una pierna débil.

La pausa que necesitaba me hace sentir más equilibrada, más realista y sobretodo me ha mostrado cómo es estar en el presente de verdad.

Las invito a ser bien sinceras con ustedes mismas, limiten sus actividades a lo que disfrutan y pueden hacer y vayan haciendo el ejercicio de soltar día a día algo que ya no pueden o quieren hacer, así la carga se hace ligera y todo se disfruta más.

Como siempre, muchas gracias por leer 🙂

 

*ilustraciones de pinterest

 

 

¿A qué jugamos hoy?

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Hoy quiero contarles sobre algo que me pasa, o me pasaba frecuentemente. Es algo que si bien le pasa a todos los padres, a quienes estamos todo o casi todo el día al cuidado de los pequeños nos pasa más frecuentemente.

No sabemos qué hacer para distraerlos, entretenerlos, estimularlos, “para que no se aburran” o bien que “aprovechen” el tiempo, según nosotros, porque eso de ver tele todo el día no nos parece la mejor opción.Como que pasamos de creer que la tele era LA onda a creer que es EL diablo. Y pues yo creo que ningún extremo es bueno, o casi ninguno. Así que en lo personal la tele no me estresa tanto, pero si me pasaba eso de ¿y ahora a qué jugamos?

Resulta pues, que después de realizar la rutina de cada día (despertar, desayunar, bañarse, cambiarse, jugar a x, y, z…) uno tiene varias horas de pausa mental, o atascamiento de ideas más bien. Es en esas horas donde, por lo general, el demonio de tazmania se apodera de nuestros críos y empiezan los problemas.

Cuando estamos estresadas (o nos sentimos culpables por no saber estimular al hijo hacia la luz de la sabiduría) ellos también se estresan, se impregnan de nuestra negatividad, nuestros miedos, nuestro cansancio y acaba siendo el momento mala onda del día.

A veces lloramos juntos, llorar no tiene nada de malo y eso se los compartiré detalladamente en otro post, pero si, a veces lloramos, gritamos, o nos enojamos y ya pasando la tempestad emotiva nos destrabamos y seguimos felices.

Pero les quería compartir lo que a mi me ha funcionado y hasta ahora ha hecho que tengamos mucha más paz.

Primero que nada entender que los niños no necesitan actividades dirigidas, no como norma. Una cosa es que vayan a la escuela y aprendan ciertas cosas que les serán útiles y otra cosa muy distinta tenerlos haciendo tareas y alcanzando objetivos específicos todo el tiempo. No lo necesitan, simplemente porque ellos saben cómo jugar, experimentar es su especialidad, y si no dejamos que exploren estamos creando soldaditos. ¿Queremos que nuestros hijos sean felices? ¿o que cumplan al 100% con lo que se supone que deben saber a determinada edad?

Si les permitimos jugar libremente podremos ir descubriendo sus intereses, habilidades y sobretodo cómo enfrentan sus dificultades. Claro que se frustrarán cuando realicen tareas que no dominen, pero estaremos ahí para acompañarlos.

No dirigir su juego no quiere decir que jugarán solos y nosotras seguiremos limpiando la casa sin acompañarlos y cada quién por su lado.

No es así.

Pero también ayudará a que podamos hacer las cosas. El bebé chilaquil que ya no es muy bebé que digamos cumplirá dos años en 3 meses y no ha sido hasta hace unas cuántas semanas que logré dominar esto que les platico. Ahora puedo bañarme, limpiar, cocinar y todo esto con el acompañándome. ¿cómo?  jugando libremente a mi lado.

Claro que es un proceso complejo porque está en etapa de trepar/escalar TODO lo que se le ponga enfrente, pero es muy satisfactorio que ellos van disfrutando su espacio conforme se les deja hacerlo y aprenden (no muy felices) que sus padres también tienen un espacio, que también ven algunos programas en la tele, que tienen otras cosas además de ellos.

Una vez entendiendo que la libertad de explorar es necesaria es muy importante tener límites claros (de todo tipo) tanto en lo que les permitimos como en los espacios. Dependerá de las edades de nuestros hijos y de nuestras actividades pero les aseguro que es cuestión de práctica y paciencia. Mucha paciencia.

Así como les hablaba de lo importante de respetar sus formas y tiempos al comer creo muy importante que tengan libertad para jugar. No necesitan tantos juguetes, lo que más disfrutan es llevar y traer, meter y sacar, subir y bajar, tocar y oler. La experimentación es clave.

Y como seguido menciono, la rutina es algo importante así que es bueno que sepan lo que pasa durante el día y ya los espacios entre comidas, descanso, etc. sean libres por completo.

Las cosas se complican muchas veces, pero la frustración es mucho menor tanto para ellos como para nosotros cuando entendemos que no somos responsables de entretenerlos sino de acompañarlos, su aprendizaje no depende de nosotros, pero podemos facilitárselos mucho, respetando su espacio y entendiendo que cada uno es distinto. 

Es un proceso por el que pasamos todos los padres, los invito a experimentar y darse la oportunidad de soltar las culpas, no llenen de actividades su día, solo llenenlo de amor, sonrisas y si se necesita, algunas lágrimas para desahogarse.

Me cuentan el resultado.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de pinterest

¿Y tu hijo, come bien?

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En mi familia, como en la de muchas, la comida es más que una parte del día. Pasamos del desayuno a planear la comida y de la sobremesa a planear la cena.

La relación que tenemos con la comida es punto clave en nuestras vidas, para bien o para mal, de ahí que cuando hay niños en casa damos mucha importancia a que coman “bien”.

¿Pero qué es comer bien? ¿Balanceado? ¿Saludable? ¿Orgánico? ¿En determinada cantidad? ¿Con horario? ¿Según las recomendaciones de un nutriólogo? ¿Comerse todo? ¿Comer contento?

Si se fijan, de todas esas preguntas que acabo de enlistar, la que menos dudamos en responder afirmativamente es la de comerse todo, casi nadie tiene dudas al respecto. Casi todos escuchamos que había que terminarse todo lo del plato, o bien vimos a nuestras madres guardar las sobras (o comérselas), algunas mamás repiten (a diario) que debemos terminar la comida porque hay niños que no tienen que comer, otras mamás no dejan que su hijo se levante de la mesa hasta terminar, otras no los dejan comer solos ni cortar su comida hasta que son ya mayores. Cada mamá tiene sus técnicas, pero la gran mayoría buscan que el plato quede limpio.

Acabarse la comida es sinónimo de gusto, para empezar. Si te terminaste todo quiere decir que te gustó ¿no? Además, si comiste “bien”, en este caso, te comiste todo, la mamá tiene una preocupación menos respecto a tu bienestar. Es entonces un proceso de colaboración, la madre prepara la comida (o la compra) y el hijo se termina su porción completamente de tal forma que ambos se ven beneficiados, una está tranquila y el otro nutrido.

Suena fácil, pero la realidad es muy distinta.

Yo les he ido platicando nuestras experiencias con la comida en un par de posts sobre la ablactación y cómo nos iba cuando empezó a comer más comida , así que ya más o menos tienen idea de cómo nos fue en los inicios. Hoy quise compartirles cómo nos está yendo ahora que el bebé chilaquil está en eso de ser menos bebé y ser más un explorador intrépido del mundo, próximo a cumplir dos años.

Pasamos de ser comedor arrasa todo a ser el más selectivo de la casa. La verdad es que desde el inicio tuvo una tendencia a serlo, no se comía todo a la primera, siempre ha tenido sus reservas, huele las cosas, las toca, las prueba un poco, hace caras y ya después come un poco más. Pero a partir de, tal vez el año y medio o poco menos, come menos y menos cosas.

Las verduras prácticamente solo las quiere en smoothie, las frutas le encantan pero no todas, proteína animal el huevo y los lácteos le gustan, el pescado a veces. Carne y pollo, ni pensarlo. A favor tenemos que toma bastante agua, acepta cualquier lechada y sobretodo que gracias a ese carácter selectivo hemos ido aprendiendo a respetarle sus tiempos.

Como ya saben, aquí siempre se investigan las opciones. Si ustedes tienen un comedor selectivo en casa les comparto estos tips:

  • Ellos saben cuando tienen hambre, no siempre es a la misma hora ni siempre comen la misma cantidad. Hay que respetarlos.
  • Si ya no quiere, ya no quiere. Preguntarles 10 veces más no hará que cambien de opinión (lo que si puede hacer es que se acostumbren a decir que si, aunque no tengan hambre).
  • Distraerlos para que coman va creando círculos viciosos en los que no comen si no están jugando (o la actividad que sea que los distraiga).
  • Obligarlos a comer fomentará que relacionen la alimentación con algo negativo.
  • Entre menos libertad les demos para explorar y experimentar el proceso de comer, menos pronto se sentirán a cargo de su alimentación.
  • Si están saludables y comen medianamente bien durante el día o hacen, al menos, una comida más pesada. No hay mayor razón para forzarlos.
  • Si algo nos gusta a nosotros, no quiere decir que les tiene que gustar a ellos.
  • En los primeros años se guían por imitación. Si nos ven disfrutar los alimentos, en gran variedad, seguramente ellos también los disfrutarán, solo que a su tiempo.
  • Si no estamos seguros de lo que estamos haciendo, ellos se dan cuenta. Si estamos nerviosos con la idea de darles libertad, se ponen nerviosos ellos también. Esperemos a estar bien convencidos para tomar cualquier decisión.

Claro que es decisión de cada familia el cómo educa y alimenta a sus hijos y claro que si establecemos un menú base y es toda la opción que tienen nuestros niños es difícil que pidan otra cosa. Si desde el día uno nuestro hijo va aprendiendo que la comida se toma en la mesa, que si no quiso comer ahí, no comerá más tarde hasta que sea hora de comer de nuevo y que si no le gustó la comida puede tener o no tener opciones será más sencillo que vaya entendiendo cómo funciona la dinámica alimenticia en su casa.

El apetito se modifica conforme crecemos por toda la carga emocional que tiene, pero cuando somos muy pequeños estamos mucho más conectados con nuestro cuerpo, así que ayuda mucho dejarlos que decidan. Que decidan sus gustos (generalmente son temporales), sus tiempos y cantidades. Aunque claro que habrá de existir cierta base pre establecida.

Si en vez de enfocar toda nuestra energía en que nuestros hijos coman bien la usamos para trabajar en nuestra calma, nuestra posibilidad de dejarlos y no angustiarnos porque no comen como esperamos es muy probable que la hora de la comida deje de ser tortuosa.

Confiemos en ellos, dejémoslos decidir y enseñémosles desde pequeños a escuchar sus cuerpos.

Si vemos que la falta de apetito de nuestros hijos está llegando a un extremo hay que acercarse con profesionales y leer al respecto. Hay muchos libros que son de ayuda en éstos casos y pueden tranquilizarnos al darnos cuenta de los procesos por los que pasan nuestros hijos.

Intentemos hacer de la hora de comer algo disfrutable y nutritivo no solo a nivel físico. Acompañemos a nuestros hijos mientras comen y dejemos que experimenten con todos sus sentidos cada bocado. El tiempo que son niños es muy corto y se alimentarán toda la vida, si pueden disfrutarlo ¡adelante!

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de pinterest

Letras, formas y colores

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La verdad es que yo no soy ninguna experta en libros infantiles, pero si puedo contarles que desde niña he ido cargando con mis libros para todos lados y he visto la diferencia que hace la lectura en la vida de mucha gente a mi al rededor.

Cuando el bebé chilaquil era aún más pequeño tuvimos la gran oportunidad de participar en un taller llamado “Leo con mi bebé, mi bebé lee conmigo” impartido por Elsa González en el Fondo de Cultura Económica y es una experiencia que les recomiendo muchísimo. Son reuniones en donde los bebés y niños pueden experimentar la lectura desde una óptica distinta. Pueden tocar todos los libros, jugar, cantar, imaginar. Para nosotros fue de las primeras experiencias de socialización que el tuvo y además una forma de aprovechar la mañana de los sábados, si de todas formas madrugábamos.

Aquí en el blog me han ido pidiendo tips y recomendaciones de distinta índole y hoy más que “recomendarles” los libros les comparto algunos de los que tenemos, hay otros padrísimos que no tienen las páginas tan aguantadoras y esos no están en el librerito por eso no les tomé foto, luego se los comparto.

La idea es tener opciones que estimulen sus sentidos, hay algunos con texturas, otros con sonidos, tenemos otros de tela, con sonaja, mordedera y otros para el agua.

Por ejemplo, aquí abajo pueden ver unos de colores y animales que tienen hueco el centro y eso hace mucho más fácil y divertido el manejo, otro con sonidos sorpresa (que no siempre suenan) y los de dinosaurios y monstruos que usamos para descubrir no solo formas y colores.

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Tenemos también Buenas noches Lola, que tiene muy poco texto y sirve muy bien para dejar volar la imaginación y se puede incorporar al ritual nocturno y el de ¡Está delicioso! tiene figuras de foami en forma de alimentos que puedes ir dando a los participantes en la historia, hemos perdido varias figuras y las demás andan por todos los rincones de la casa, pero es muy divertido.

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Continuamos con el de “Pato está sucio” que cuenta la divertida historia del pato que se ensucia y después se baña y el de “Misterio Lodoso” que además de contar una historia tiene texturas en cada página.

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Igual con texturas está el de “Éste no es mi tren…” que va describiendo cada textura en la misma historia y el de Élmer y el clima, que además de describir cada uno va llevando a Élmer por una gran aventura.

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No todas las opciones las hemos comprado, varios han sido regalos y otros fueron parte del taller al que fuimos, desde el principio le han gustado mucho y tratamos de que sea una más de sus actividades, no establecemos horarios, no limitamos el tiempo de nada, ni de lectura ni de juego (a menos que sean las 4 de la mañana). Vamos avanzando y viendo qué le gusta más y qué menos.

Espero les sea útil conocer un poco los tipos de libros que le gustan al bebé chilaquil y sobretodo que se animen a ir compartiéndoles esa opción a sus bebés. Al principio solo los ven por poco tiempo, no importa. A veces nos escuchan contar las historias, pero luego los vamos involucrando pidiéndoles que busquen cosas, que señalen, etc. Es cuestión de irnos adecuando al momento de su desarrollo en el que están y a sus intereses.

Gracias por leer

Todo pasa

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Cerramos Febrero con aires de enfermedad y recibimos Marzo con nuevas energías, muchas ganas y proyectos, cambios por todos lados. Pero quise tomarme el tiempo de platicarles un poco sobre lo que he percibido en los últimos retos de la crianza, que ya saben que esos no paran y cada día te retan de distinta forma. Me centraré en dos cuestiones específicas.

La comparación

Tenemos un afán por voltear a ver al de al lado y me incluyo porque si un día no alcancé a bañarme a tiempo o a barrer o a cocinar o cualquiera de las ene mil cantidades de cosas que una mamá de tiempo completo se auto impone me siento menos mamá o al menos me siento mal.

Muchas veces me he descubierto preguntándome por qué yo no puedo hacer lo que todas las demás pareciera que hacen sin dificultad.

Eso no solo me pasa a mi, les pasa a todos. Porque el ver al otro nos va indicando quienes somos, es como si fuera un espejo, pero en vez de reflejarnos vemos lo que no tenemos, lo que deseamos, lo que nos hace falta o lo que quisiéramos lograr.

Entre mamás empeora. ¿Por qué ella si duerme y yo no? ¿Cómo le hace? ¿Por qué su hijo si come de todo? ¿Por qué ya habla? ¿Por qué su casa está limpia? ¿Por qué no la veo desesperarse? ¿Por qué?

Primero porque todos somos distintos, segundo porque vemos solo una pequeña parte de la vida de los demás. O como dice el dicho nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la menea… o algo así.

Y paso a mi siguiente punto…

Las críticas

Entre mujeres nos pedimos opiniones, siempre. Ya sea para comprar ropa, zapatos, para escribirle al novio, esposo, para todo. Así somos.

Entre mamás intentamos hacerlo menos o con la gente de más confianza porque es un terreno oscuro. Es como entrar a una casa de espantos de las ferias (que por cierto no sé si siguen existiendo porque no tengo vida social, mucho menos voy a las ferias). Pedir opiniones sobre lo que estamos haciendo o dejando de hacer como mamás es un riesgo y lo más probable es que si lo hacemos alguien saldrá lastimado o enojado (que para el caso es lo mismo).

Peor aún, a veces te dan la opinión sin pedirla o se pasan directito a la crítica. Y se siente muy mal.

Cuando alguien te dice que estás haciendo las cosas mal y te da sus argumentos pueden pasar dos cosas, o sufres porque te entra la duda ¿y si tiene razón? o sufres porque no entiendes qué estás haciendo con esa relación en tu vida ¿por qué me está diciendo algo tan distinto a lo que pienso si se supone que me conoce tan bien?

Así que para no alargarles mucho el tema les comparto lo que a nosotros nos ha funcionado y digo en plural porque si yo no tuviera al compañero que tengo a mi lado mis reacciones serían seguramente mucho menos tranquilas, yo primero exploto con el y luego juntos podemos enfrentar las cosas en paz.

  • Tengan un plan sobre cómo quieren criar a sus hijos. Un plan que debes saber que no va a salir como quisieras pero que será el cimiento de lo que vas a construir. Piensa en las bases: Nacimiento, alimentación, espacios en casa, educación, establecimiento de límites, etc. Ustedes deciden, no el médico, no sus padres, no sus amigos. Ustedes, con la información que les parezca más acertada y eso me lleva al siguiente punto.
  • Infórmense. Hoy en día existen muchas fuentes de información, desde la más digerible hasta la más densa. Desde la científica compleja hasta la simplista. Encuentren fuentes de información en las que confíen y explórenlas.
  • Tengan una red de apoyo. Sean sus amigos, su familia, pero siempre sirve contar con alguien(es). Desde un principio tengan claro que ellos estarán ahí para apoyar en momentos difíciles (que créanme, llegarán), pero no son quienes deberán darte solución los problemas ni tampoco serán a quienes debes escuchar cuando te confundes. El apoyo no se soluciona con recetas. Solo un abrazo, el que te escuchen, con eso basta.
  • No se tomen las cosas personales. La crianza busca el bienestar de sus hijos, el bienestar de los padres es trabajo aparte, que hace la crianza más llevadera. Pero lo que va pasando en el camino y lo que los demás opinan no es en su contra, solo enfóquense en el bienestar de los pequeños y será más fácil navegar entre tanta opinión.
  • Al final del día agradezcan. Los platos sucios, los juguetes tirados, la bañera con agua, las ojeras. Los pocos pesos que les quedan en la bolsa porque encontraron sus juguetes en el súper y estaban baratos según ustedes. Den gracias de que, una vez que decidieron embarcarse en este camino lo están disfrutando y viviendo al día.

Lo mejor podemos darles es padres felices y no hay padres felices que estén enfrascados en la comparación y las críticas. Por más que sean mecanismos normales en nuestra conducta es posible pausarlos y darles la vuelta. Cambia la forma en que tomas la realidad. Búscale lo bueno a lo malo, recuerda que mañana puede ser el último día en que tu bebé toma pecho, o gatea, o dice las palabras a medias. Mañana puede crecer y ya no hacer algo de todo eso.

La crianza dura toda la vida pero la primera infancia se va muy rápido y es donde establecemos las bases de su vida adulta. Merece toda la pena entregarles nuestra total atención, pero siempre y cuando estemos bien con esa idea y lo disfrutemos mientras lo hacemos.

Todo pasa y la niñez vuela, si vas a compararte con alguien compárate con tu hij@, ¿eres igual de feliz y espontáneo? Intenta serlo, solo por hoy.

Gracias por leer.

*Print de Lisa Stubbs

Al compás del corazón

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La naturaleza es sabia y nuestro cuerpo es una máquina perfecta que funciona sin necesidad de que hagamos mucho. Damos por hecho todo lo que tenemos y es hasta que falla que notamos su importancia. De ahí lo que quisiera compartirles hoy y también de ahí la imagen que no es más que mi forma (medio abstracta tal vez) de invitarlos a escuchar a su corazón, esa voz interior, románticamente llamada corazón.

No me refiero a ese que late mientras estamos vivos, sino a esa voz atrevida que nos lleva a emprender aventuras y a arriesgarnos, esa misma vocecita que nos avisa cuando algo anda mal y muchas veces decidimos ignorar. Hay que escucharnos.

Hoy me preguntaron a qué van mis pacientes cuando piden una consulta conmigo, y aunque es verdad que los motivos son muchos, pudiera simplificarlo así: van a buscar el camino hacia su propia voz.

¿Que si lo encuentran? No siempre.

Algunos nunca la han escuchado, otros no saben que existe, otros le tienen mucho miedo. Pero la gran mayoría de nosotros de vez en cuando escuchamos esa vocecita cuando nos enfermamos.

El cuerpo, como parte de su perfección, se encarga de avisarnos cuando las cosas andan mal.

Si la vocecita (alma/corazón) lleva tiempo intentando comunicarse con nosotros y no le hemos hecho caso ahí es cuando llega la enfermedad a gritar un poquito más fuerte. Porque podemos sentirnos bien, pero ante la enfermedad tenemos que hacer pausa y estar un ratito a solas, en silencio, escuchando esa melodía. Y permítanme decirles que la mayor parte del tiempo, es una canción medio amarga, porque tardamos en ponerle atención.

El corazón nos brinda oportunidades hermosas, de conectarnos con las demás personas, de atrevernos, de crecer. Pero también es el encargado de ubicarnos en la realidad y a eso siempre le sacamos la vuelta.

No estoy diciendo con todo esto que cada enfermedad es voluntaria o que aquellas personas súper conectadas consigo mismas jamás se enferman. Lo que si, es que se enferman distinto.Y todo esto viene a mi mente (y corazón y dedos) porque llevo las últimas veinticuatro horas monitoreándole la tempreatura a mi hijo.

Sube y baja, sube y baja. Y así empieza, el caminito de su voz diciéndole cosas (y a mi también), y el caminito de esa relación sagrada que va a tener con su cuerpo durante toda su vida.

Nuestro cuerpo es un reflejo de quien somos.

Por eso, aunque mi blog hable de crianza, es inevitable no hablar de mi trabajo, de la imagen corporal y de cómo nos afecta tanto cuando le ponemos mute a la música que sale desde nuestros adentros.

Hay que sintonizarnos con nosotros mismos. Nos tome un año, o diez o toda la vida.

De lo contrario les puedo asegurar que van a gastar mucho más en médicos de lo que imaginan y además se la van a pasar bailando a des tiempo. Llegando tarde a los momentos clave de su propia historia. Porque aunque la historia que nos venden pareciera demostrarnos lo contrario, no estamos aquí para competir con nadie, estamos aquí para bailar y sonreír (o lo que es lo mismo, ser felices).

Así que hoy, en honor a la fiebre que va y viene los invito a dedicarse unos minutos, en silencio y escuchar qué les dice esa voz. Si les duele algo (físico o emocional) suéltenlo y si no se va, pues habrá que repetir el ejercicio las veces que sea necesario.

Enfermarse no es malo, lo malo es ser enfermos, identificarnos con la enfermedad y ya no soltarla.

Si vamos a estar aquí por tiempo limitado qué mejor regalo podemos darnos que confiar en nosotros y en esa máquina perfecta que nos guía, con ritmo constante, hacia donde nos toca estar. Y si nuestros hijos crecen viendo eso, seguramente les será mucho más fácil escucharse sin miedo a bailar.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de crystalsheahethcote

Saliendo de la zona de confort

leapalessandrogottardo

 

Casi todos tenemos ciertas cosas que nos hacen sentir en paz. Hay gente que necesita movimiento, ruido, mucha actividad y otras personas que lo que quieren es silencio y calma, en todos los sentidos.

Yo tengo una mente que nunca para, hablo mucho, escribo mucho, leo mucho y en mi trabajo también escucho mucho. De ahí que el hecho de trabajar desde casa se me haya acomodado tan bien.

Llevo más de cinco años trabajando la mayor parte de tiempo en mi casa, con mis horarios, en mi espacio y a mi antojo. ¿Suena bien, verdad? La cosa es que cuando vas sintiéndote bien así, luego es difícil salir de ahí.

La maternidad te saca de todo lo que conoces, te sacude y te hace replantearte el mundo, sobretodo porque ese mismo mundo es el que vas a plantearle a tu hijo, desde el ejemplo y eso no es cualquier cosa.

Ya sea que ser mamá haya sido tu meta en la vida o te haya pasado sin planearlo tanto, el suelo se te mueve y eso siempre es bueno. Los cambios la mayor parte del tiempo son duros, pero siempre te enseñan cosas. Ya depende de nosotros cómo tomamos ese aprendizaje y qué tanto lo ponemos en práctica, porque uno puede estudiar mucho pero si no usas los conocimientos, se van.

Les decía entonces, que cuando uno está muy bien y acostumbrado a cierto modo de vida y luego decide cambiar algo la cosa empieza a verse rara. ¿Estará bien? ¿Estará mal? ¿Se vale o no? ¿Y si me equivoco? ¿Y si luego estoy peor? ¿Y si mejor me quedo igual?

Las dudas aparecerán siempre. Y la verdad es que no necesariamente es malo tener una zona segura donde nos sentimos bien. Al contrario. Eso es bueno. Siempre estamos buscando encontrar ese punto, la cosa es que a veces, ya estando ahí queremos más, o bien, descubrimos que lo que tanto queríamos no era tanto eso sino el buscarlo.

Total.

El mensaje es el siguiente:

Si llevas mucho tiempo haciendo lo mismo y te sientes bien con eso, si a diario te levantas y eres feliz con lo que harás, si la idea de transmitirle tu pasión a tus hijos (o cualquier ser querido) te ilusiona. Síguele por ahí, vas muy bien. Todo es perfectible y claro que día a día te puedes esforzar por ir cada vez mejor.

Si, por otro lado, un día empiezas a pensar ¿y si mejor hago…. x? ¿no será que me sentiría mejor haciendo… y? Es entonces cuando, en mi opinión, es buen momento para salir de esa zona de confort. Esa zona que te ha ayudado y servido para aprender, crecer y guiarte por tu camino (que nunca será igual al de nadie más) es la misma que ahora te despide y te dice, hora de cambiar el rumbo. Se vale cambiar.

Ya sea que tengas un sueño clarísimo, que lo andes buscando, que tus hijos te lo despierten, que tus hijos te demuestren que lo que estás haciendo no es lo que quieres o bien que no tengas hijos pero que de repente descubras que todo lo que habías estado haciendo era una preparación para lo siguiente. Aviéntate. Anímate a hacer eso que traes en mente.

Cada decisión que tomamos tiene sus consecuencias, siempre y cuando estemos dispuestos a hacernos responsables de las mismas y con ellas no estemos dañando directamente a nadie el aprendizaje puede ser muy grande y el sentimiento de seguir buscando eso es algo que se transmite y que va a resultar en hijos libres pero con la claridad de que también se vale equivocarse y de todo se aprende.

Si hoy mientras lees esto piensas que te sientes bien como estás pero podrías estar mejor, piensa de qué forma. Si al leerlo tienes clarísimo lo que te falta o lo que quieres sal a buscarlo, haz que suceda.

Por lo pronto por acá seguiré intentando y moviéndome de lugar cada que lo necesite.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración alessandro gottardo