El arte de pausar

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Independientemente de cómo era tu vida antes de ser mamá, a partir de ese momento el ritmo se acelera. En todos los sentidos. El ritmo de la rutina, el de tu corazón, el de la economía. Es como ponerle cámara rápida a todo y a la vez querer atesorar cada segundo porque son muchos momentos únicos. ¿Complicado verdad?

Si tenemos antecedentes de ser complicadas, perfeccionistas o hacer muchas cosas a la vez la maternidad puede irse complicando un poquito más en nuestra mente. En la práctica va saliendo, es lo bueno.

Así que cuando trabajas, estudias, eres ama de casa y quieres estar presente en la crianza de tus hijos empiezan a aparecer señales de alerta en cuanto al estrés, el descanso y las pausas.

Esas pausas.

Tan necesarias y recomendadas por todos. ¿Cuántas veces has escuchado algo así?

Duerme, te hará bien.

Dense un tiempo, déjenlo con los abuelos.

Mételo a la guardería, le hace bien.

Las pausas son necesarias, enriquecedoras y parte importante de conseguir un balance entre la vida y metas personales y la vida familiar y de mamá. ¿Pero qué renuncias estamos dispuestas a hacer?

No hay fórmula y nadie puede decirnos qué es lo mejor para nosotras ni nuestros bebés. Más allá de cuidarlos lo mejor posible y asegurarnos de satisfacer sus necesidades de alimentación y salud, la parte emocional corresponde a nosotras en mancuerna con su papá. ¿Hasta dónde está bien? Es muy relativo.

Hay padres que son más felices con rutinas estructuradas, trabajos con horario de oficina y sus niños en guardería. Eso les funciona muy bien y están en paz.

Otros tienen trabajo en casa, trabajan sin horario y están con sus hijos todo el tiempo, luchando por equilibrar claro y eso es lo que les funciona y también les da paz.

Entonces ¿quién está mal?

Desde mi punto de vista no se trata de ver quién está mal sino de buscar lo que a cada quién nos sirve y al final del día nos permite descansar.

La razón y la emoción no son, necesariamente, las mejores amigas. Una siempre va a pesar más que la otra y hay que ir buscando cómo darles su lugar, en esa rutina que tenemos llena de velocidad.

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¿Y por qué hablo de esto ahora?

Les comparto esto porque he tenido las últimas dos semanas en pausa total (físicamente hablando) y eso me ha dejado analizar mi rutina acelerada desde afuera. Esto es lo que he aprendido:

Cada vez que la vida nos obliga a hacerle caso es porque no estábamos escuchando, tal vez. Si bien a diario hago pausas nunca podía pausar por completo o soltar por completo como ahora.

Mi hijo disfruta plenamente estar con su papá, con sus abuelas, sus tíos y sus amigos. Siempre ha sido así, pero ahora me ha demostrado cómo está bien sin mi, yo sin y el y como aprendemos a disfrutarnos cuando estamos juntos.

No todos tienen que romperse un hueso para entenderlo pero hay a quienes nos sirve y nos deja tomar distancia, no solo de los hijos, sino de todos los proyectos personales que tenemos en mente.

He aprendido que mucha gente da consejos porque no sabe qué más hacer y muchas veces esos consejos nos confunden. Como ya he dicho en varias ocasiones, creo que lo mejor es escucharlos y sin más dejarlos ir. A menos que sean consejos que encontremos útiles, solo hay que tomarlos como buenos deseos aunque vayan totalmente en contra de lo que creemos.

Casi nadie nos dará un consejo para hacernos un daño ¿verdad? Entonces si nos aconsejan algo que no nos gusta, respondamos con la mejor actitud y sigamos adelante.

Me ha servido mucho agradecer a mi cuerpo todo lo que está haciendo bien, valorar toda la salud que si tengo y cada que me siento mal por lo que está mal enfocarme en que eso es algo pequeño y lo que gana es lo bueno (específicamente hablando de mi salud). Una fractura es algo irrelevante si lo comparamos con miles de enfermedades que la gente padece, así que cuando empiezo a sentirme mal por lo que me pasa lo pongo en perspectiva y pronto me encuentro agradeciendo tener tanta salud y tanto apoyo.

El apoyo es básico. Yo tengo la fortuna de tener un esposo, una familia y un grupo de amigos muy cercanos, que están al pendiente de mi y me atienden todo lo que pueden. Me hacen la vida fácil y me demuestran que puedo pausar, siempre que lo necesite.

Estar inmóvil me ha hecho aceptar todo lo que no puedo hacer y eso me ayuda a valorar lo que si puedo. Así que estoy segura que en seis semanas más, cuando mi movilidad regrese a su totalidad emprenderé un nuevo camino, una nueva rutina mucho más humilde y menos intensa. Seguirá veloz, porque la vida es imparable, pero seré mucho más sincera con mis capacidades y disfrutaré cada momento y actividad desde otra perspectiva, o al menos lo intentaré.

La crianza nos hace crecer a ambas partes, padres e hijos por igual nos formamos en este camino y en este momento yo me siento más fuerte aunque tenga una pierna débil.

La pausa que necesitaba me hace sentir más equilibrada, más realista y sobretodo me ha mostrado cómo es estar en el presente de verdad.

Las invito a ser bien sinceras con ustedes mismas, limiten sus actividades a lo que disfrutan y pueden hacer y vayan haciendo el ejercicio de soltar día a día algo que ya no pueden o quieren hacer, así la carga se hace ligera y todo se disfruta más.

Como siempre, muchas gracias por leer 🙂

 

*ilustraciones de pinterest

 

 

¿A qué jugamos hoy?

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Hoy quiero contarles sobre algo que me pasa, o me pasaba frecuentemente. Es algo que si bien le pasa a todos los padres, a quienes estamos todo o casi todo el día al cuidado de los pequeños nos pasa más frecuentemente.

No sabemos qué hacer para distraerlos, entretenerlos, estimularlos, “para que no se aburran” o bien que “aprovechen” el tiempo, según nosotros, porque eso de ver tele todo el día no nos parece la mejor opción.Como que pasamos de creer que la tele era LA onda a creer que es EL diablo. Y pues yo creo que ningún extremo es bueno, o casi ninguno. Así que en lo personal la tele no me estresa tanto, pero si me pasaba eso de ¿y ahora a qué jugamos?

Resulta pues, que después de realizar la rutina de cada día (despertar, desayunar, bañarse, cambiarse, jugar a x, y, z…) uno tiene varias horas de pausa mental, o atascamiento de ideas más bien. Es en esas horas donde, por lo general, el demonio de tazmania se apodera de nuestros críos y empiezan los problemas.

Cuando estamos estresadas (o nos sentimos culpables por no saber estimular al hijo hacia la luz de la sabiduría) ellos también se estresan, se impregnan de nuestra negatividad, nuestros miedos, nuestro cansancio y acaba siendo el momento mala onda del día.

A veces lloramos juntos, llorar no tiene nada de malo y eso se los compartiré detalladamente en otro post, pero si, a veces lloramos, gritamos, o nos enojamos y ya pasando la tempestad emotiva nos destrabamos y seguimos felices.

Pero les quería compartir lo que a mi me ha funcionado y hasta ahora ha hecho que tengamos mucha más paz.

Primero que nada entender que los niños no necesitan actividades dirigidas, no como norma. Una cosa es que vayan a la escuela y aprendan ciertas cosas que les serán útiles y otra cosa muy distinta tenerlos haciendo tareas y alcanzando objetivos específicos todo el tiempo. No lo necesitan, simplemente porque ellos saben cómo jugar, experimentar es su especialidad, y si no dejamos que exploren estamos creando soldaditos. ¿Queremos que nuestros hijos sean felices? ¿o que cumplan al 100% con lo que se supone que deben saber a determinada edad?

Si les permitimos jugar libremente podremos ir descubriendo sus intereses, habilidades y sobretodo cómo enfrentan sus dificultades. Claro que se frustrarán cuando realicen tareas que no dominen, pero estaremos ahí para acompañarlos.

No dirigir su juego no quiere decir que jugarán solos y nosotras seguiremos limpiando la casa sin acompañarlos y cada quién por su lado.

No es así.

Pero también ayudará a que podamos hacer las cosas. El bebé chilaquil que ya no es muy bebé que digamos cumplirá dos años en 3 meses y no ha sido hasta hace unas cuántas semanas que logré dominar esto que les platico. Ahora puedo bañarme, limpiar, cocinar y todo esto con el acompañándome. ¿cómo?  jugando libremente a mi lado.

Claro que es un proceso complejo porque está en etapa de trepar/escalar TODO lo que se le ponga enfrente, pero es muy satisfactorio que ellos van disfrutando su espacio conforme se les deja hacerlo y aprenden (no muy felices) que sus padres también tienen un espacio, que también ven algunos programas en la tele, que tienen otras cosas además de ellos.

Una vez entendiendo que la libertad de explorar es necesaria es muy importante tener límites claros (de todo tipo) tanto en lo que les permitimos como en los espacios. Dependerá de las edades de nuestros hijos y de nuestras actividades pero les aseguro que es cuestión de práctica y paciencia. Mucha paciencia.

Así como les hablaba de lo importante de respetar sus formas y tiempos al comer creo muy importante que tengan libertad para jugar. No necesitan tantos juguetes, lo que más disfrutan es llevar y traer, meter y sacar, subir y bajar, tocar y oler. La experimentación es clave.

Y como seguido menciono, la rutina es algo importante así que es bueno que sepan lo que pasa durante el día y ya los espacios entre comidas, descanso, etc. sean libres por completo.

Las cosas se complican muchas veces, pero la frustración es mucho menor tanto para ellos como para nosotros cuando entendemos que no somos responsables de entretenerlos sino de acompañarlos, su aprendizaje no depende de nosotros, pero podemos facilitárselos mucho, respetando su espacio y entendiendo que cada uno es distinto. 

Es un proceso por el que pasamos todos los padres, los invito a experimentar y darse la oportunidad de soltar las culpas, no llenen de actividades su día, solo llenenlo de amor, sonrisas y si se necesita, algunas lágrimas para desahogarse.

Me cuentan el resultado.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de pinterest

¿Y tu hijo, come bien?

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En mi familia, como en la de muchas, la comida es más que una parte del día. Pasamos del desayuno a planear la comida y de la sobremesa a planear la cena.

La relación que tenemos con la comida es punto clave en nuestras vidas, para bien o para mal, de ahí que cuando hay niños en casa damos mucha importancia a que coman “bien”.

¿Pero qué es comer bien? ¿Balanceado? ¿Saludable? ¿Orgánico? ¿En determinada cantidad? ¿Con horario? ¿Según las recomendaciones de un nutriólogo? ¿Comerse todo? ¿Comer contento?

Si se fijan, de todas esas preguntas que acabo de enlistar, la que menos dudamos en responder afirmativamente es la de comerse todo, casi nadie tiene dudas al respecto. Casi todos escuchamos que había que terminarse todo lo del plato, o bien vimos a nuestras madres guardar las sobras (o comérselas), algunas mamás repiten (a diario) que debemos terminar la comida porque hay niños que no tienen que comer, otras mamás no dejan que su hijo se levante de la mesa hasta terminar, otras no los dejan comer solos ni cortar su comida hasta que son ya mayores. Cada mamá tiene sus técnicas, pero la gran mayoría buscan que el plato quede limpio.

Acabarse la comida es sinónimo de gusto, para empezar. Si te terminaste todo quiere decir que te gustó ¿no? Además, si comiste “bien”, en este caso, te comiste todo, la mamá tiene una preocupación menos respecto a tu bienestar. Es entonces un proceso de colaboración, la madre prepara la comida (o la compra) y el hijo se termina su porción completamente de tal forma que ambos se ven beneficiados, una está tranquila y el otro nutrido.

Suena fácil, pero la realidad es muy distinta.

Yo les he ido platicando nuestras experiencias con la comida en un par de posts sobre la ablactación y cómo nos iba cuando empezó a comer más comida , así que ya más o menos tienen idea de cómo nos fue en los inicios. Hoy quise compartirles cómo nos está yendo ahora que el bebé chilaquil está en eso de ser menos bebé y ser más un explorador intrépido del mundo, próximo a cumplir dos años.

Pasamos de ser comedor arrasa todo a ser el más selectivo de la casa. La verdad es que desde el inicio tuvo una tendencia a serlo, no se comía todo a la primera, siempre ha tenido sus reservas, huele las cosas, las toca, las prueba un poco, hace caras y ya después come un poco más. Pero a partir de, tal vez el año y medio o poco menos, come menos y menos cosas.

Las verduras prácticamente solo las quiere en smoothie, las frutas le encantan pero no todas, proteína animal el huevo y los lácteos le gustan, el pescado a veces. Carne y pollo, ni pensarlo. A favor tenemos que toma bastante agua, acepta cualquier lechada y sobretodo que gracias a ese carácter selectivo hemos ido aprendiendo a respetarle sus tiempos.

Como ya saben, aquí siempre se investigan las opciones. Si ustedes tienen un comedor selectivo en casa les comparto estos tips:

  • Ellos saben cuando tienen hambre, no siempre es a la misma hora ni siempre comen la misma cantidad. Hay que respetarlos.
  • Si ya no quiere, ya no quiere. Preguntarles 10 veces más no hará que cambien de opinión (lo que si puede hacer es que se acostumbren a decir que si, aunque no tengan hambre).
  • Distraerlos para que coman va creando círculos viciosos en los que no comen si no están jugando (o la actividad que sea que los distraiga).
  • Obligarlos a comer fomentará que relacionen la alimentación con algo negativo.
  • Entre menos libertad les demos para explorar y experimentar el proceso de comer, menos pronto se sentirán a cargo de su alimentación.
  • Si están saludables y comen medianamente bien durante el día o hacen, al menos, una comida más pesada. No hay mayor razón para forzarlos.
  • Si algo nos gusta a nosotros, no quiere decir que les tiene que gustar a ellos.
  • En los primeros años se guían por imitación. Si nos ven disfrutar los alimentos, en gran variedad, seguramente ellos también los disfrutarán, solo que a su tiempo.
  • Si no estamos seguros de lo que estamos haciendo, ellos se dan cuenta. Si estamos nerviosos con la idea de darles libertad, se ponen nerviosos ellos también. Esperemos a estar bien convencidos para tomar cualquier decisión.

Claro que es decisión de cada familia el cómo educa y alimenta a sus hijos y claro que si establecemos un menú base y es toda la opción que tienen nuestros niños es difícil que pidan otra cosa. Si desde el día uno nuestro hijo va aprendiendo que la comida se toma en la mesa, que si no quiso comer ahí, no comerá más tarde hasta que sea hora de comer de nuevo y que si no le gustó la comida puede tener o no tener opciones será más sencillo que vaya entendiendo cómo funciona la dinámica alimenticia en su casa.

El apetito se modifica conforme crecemos por toda la carga emocional que tiene, pero cuando somos muy pequeños estamos mucho más conectados con nuestro cuerpo, así que ayuda mucho dejarlos que decidan. Que decidan sus gustos (generalmente son temporales), sus tiempos y cantidades. Aunque claro que habrá de existir cierta base pre establecida.

Si en vez de enfocar toda nuestra energía en que nuestros hijos coman bien la usamos para trabajar en nuestra calma, nuestra posibilidad de dejarlos y no angustiarnos porque no comen como esperamos es muy probable que la hora de la comida deje de ser tortuosa.

Confiemos en ellos, dejémoslos decidir y enseñémosles desde pequeños a escuchar sus cuerpos.

Si vemos que la falta de apetito de nuestros hijos está llegando a un extremo hay que acercarse con profesionales y leer al respecto. Hay muchos libros que son de ayuda en éstos casos y pueden tranquilizarnos al darnos cuenta de los procesos por los que pasan nuestros hijos.

Intentemos hacer de la hora de comer algo disfrutable y nutritivo no solo a nivel físico. Acompañemos a nuestros hijos mientras comen y dejemos que experimenten con todos sus sentidos cada bocado. El tiempo que son niños es muy corto y se alimentarán toda la vida, si pueden disfrutarlo ¡adelante!

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de pinterest

Letras, formas y colores

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La verdad es que yo no soy ninguna experta en libros infantiles, pero si puedo contarles que desde niña he ido cargando con mis libros para todos lados y he visto la diferencia que hace la lectura en la vida de mucha gente a mi al rededor.

Cuando el bebé chilaquil era aún más pequeño tuvimos la gran oportunidad de participar en un taller llamado “Leo con mi bebé, mi bebé lee conmigo” impartido por Elsa González en el Fondo de Cultura Económica y es una experiencia que les recomiendo muchísimo. Son reuniones en donde los bebés y niños pueden experimentar la lectura desde una óptica distinta. Pueden tocar todos los libros, jugar, cantar, imaginar. Para nosotros fue de las primeras experiencias de socialización que el tuvo y además una forma de aprovechar la mañana de los sábados, si de todas formas madrugábamos.

Aquí en el blog me han ido pidiendo tips y recomendaciones de distinta índole y hoy más que “recomendarles” los libros les comparto algunos de los que tenemos, hay otros padrísimos que no tienen las páginas tan aguantadoras y esos no están en el librerito por eso no les tomé foto, luego se los comparto.

La idea es tener opciones que estimulen sus sentidos, hay algunos con texturas, otros con sonidos, tenemos otros de tela, con sonaja, mordedera y otros para el agua.

Por ejemplo, aquí abajo pueden ver unos de colores y animales que tienen hueco el centro y eso hace mucho más fácil y divertido el manejo, otro con sonidos sorpresa (que no siempre suenan) y los de dinosaurios y monstruos que usamos para descubrir no solo formas y colores.

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Tenemos también Buenas noches Lola, que tiene muy poco texto y sirve muy bien para dejar volar la imaginación y se puede incorporar al ritual nocturno y el de ¡Está delicioso! tiene figuras de foami en forma de alimentos que puedes ir dando a los participantes en la historia, hemos perdido varias figuras y las demás andan por todos los rincones de la casa, pero es muy divertido.

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Continuamos con el de “Pato está sucio” que cuenta la divertida historia del pato que se ensucia y después se baña y el de “Misterio Lodoso” que además de contar una historia tiene texturas en cada página.

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Igual con texturas está el de “Éste no es mi tren…” que va describiendo cada textura en la misma historia y el de Élmer y el clima, que además de describir cada uno va llevando a Élmer por una gran aventura.

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No todas las opciones las hemos comprado, varios han sido regalos y otros fueron parte del taller al que fuimos, desde el principio le han gustado mucho y tratamos de que sea una más de sus actividades, no establecemos horarios, no limitamos el tiempo de nada, ni de lectura ni de juego (a menos que sean las 4 de la mañana). Vamos avanzando y viendo qué le gusta más y qué menos.

Espero les sea útil conocer un poco los tipos de libros que le gustan al bebé chilaquil y sobretodo que se animen a ir compartiéndoles esa opción a sus bebés. Al principio solo los ven por poco tiempo, no importa. A veces nos escuchan contar las historias, pero luego los vamos involucrando pidiéndoles que busquen cosas, que señalen, etc. Es cuestión de irnos adecuando al momento de su desarrollo en el que están y a sus intereses.

Gracias por leer

Todo pasa

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Cerramos Febrero con aires de enfermedad y recibimos Marzo con nuevas energías, muchas ganas y proyectos, cambios por todos lados. Pero quise tomarme el tiempo de platicarles un poco sobre lo que he percibido en los últimos retos de la crianza, que ya saben que esos no paran y cada día te retan de distinta forma. Me centraré en dos cuestiones específicas.

La comparación

Tenemos un afán por voltear a ver al de al lado y me incluyo porque si un día no alcancé a bañarme a tiempo o a barrer o a cocinar o cualquiera de las ene mil cantidades de cosas que una mamá de tiempo completo se auto impone me siento menos mamá o al menos me siento mal.

Muchas veces me he descubierto preguntándome por qué yo no puedo hacer lo que todas las demás pareciera que hacen sin dificultad.

Eso no solo me pasa a mi, les pasa a todos. Porque el ver al otro nos va indicando quienes somos, es como si fuera un espejo, pero en vez de reflejarnos vemos lo que no tenemos, lo que deseamos, lo que nos hace falta o lo que quisiéramos lograr.

Entre mamás empeora. ¿Por qué ella si duerme y yo no? ¿Cómo le hace? ¿Por qué su hijo si come de todo? ¿Por qué ya habla? ¿Por qué su casa está limpia? ¿Por qué no la veo desesperarse? ¿Por qué?

Primero porque todos somos distintos, segundo porque vemos solo una pequeña parte de la vida de los demás. O como dice el dicho nadie sabe lo que hay en la olla más que la cuchara que la menea… o algo así.

Y paso a mi siguiente punto…

Las críticas

Entre mujeres nos pedimos opiniones, siempre. Ya sea para comprar ropa, zapatos, para escribirle al novio, esposo, para todo. Así somos.

Entre mamás intentamos hacerlo menos o con la gente de más confianza porque es un terreno oscuro. Es como entrar a una casa de espantos de las ferias (que por cierto no sé si siguen existiendo porque no tengo vida social, mucho menos voy a las ferias). Pedir opiniones sobre lo que estamos haciendo o dejando de hacer como mamás es un riesgo y lo más probable es que si lo hacemos alguien saldrá lastimado o enojado (que para el caso es lo mismo).

Peor aún, a veces te dan la opinión sin pedirla o se pasan directito a la crítica. Y se siente muy mal.

Cuando alguien te dice que estás haciendo las cosas mal y te da sus argumentos pueden pasar dos cosas, o sufres porque te entra la duda ¿y si tiene razón? o sufres porque no entiendes qué estás haciendo con esa relación en tu vida ¿por qué me está diciendo algo tan distinto a lo que pienso si se supone que me conoce tan bien?

Así que para no alargarles mucho el tema les comparto lo que a nosotros nos ha funcionado y digo en plural porque si yo no tuviera al compañero que tengo a mi lado mis reacciones serían seguramente mucho menos tranquilas, yo primero exploto con el y luego juntos podemos enfrentar las cosas en paz.

  • Tengan un plan sobre cómo quieren criar a sus hijos. Un plan que debes saber que no va a salir como quisieras pero que será el cimiento de lo que vas a construir. Piensa en las bases: Nacimiento, alimentación, espacios en casa, educación, establecimiento de límites, etc. Ustedes deciden, no el médico, no sus padres, no sus amigos. Ustedes, con la información que les parezca más acertada y eso me lleva al siguiente punto.
  • Infórmense. Hoy en día existen muchas fuentes de información, desde la más digerible hasta la más densa. Desde la científica compleja hasta la simplista. Encuentren fuentes de información en las que confíen y explórenlas.
  • Tengan una red de apoyo. Sean sus amigos, su familia, pero siempre sirve contar con alguien(es). Desde un principio tengan claro que ellos estarán ahí para apoyar en momentos difíciles (que créanme, llegarán), pero no son quienes deberán darte solución los problemas ni tampoco serán a quienes debes escuchar cuando te confundes. El apoyo no se soluciona con recetas. Solo un abrazo, el que te escuchen, con eso basta.
  • No se tomen las cosas personales. La crianza busca el bienestar de sus hijos, el bienestar de los padres es trabajo aparte, que hace la crianza más llevadera. Pero lo que va pasando en el camino y lo que los demás opinan no es en su contra, solo enfóquense en el bienestar de los pequeños y será más fácil navegar entre tanta opinión.
  • Al final del día agradezcan. Los platos sucios, los juguetes tirados, la bañera con agua, las ojeras. Los pocos pesos que les quedan en la bolsa porque encontraron sus juguetes en el súper y estaban baratos según ustedes. Den gracias de que, una vez que decidieron embarcarse en este camino lo están disfrutando y viviendo al día.

Lo mejor podemos darles es padres felices y no hay padres felices que estén enfrascados en la comparación y las críticas. Por más que sean mecanismos normales en nuestra conducta es posible pausarlos y darles la vuelta. Cambia la forma en que tomas la realidad. Búscale lo bueno a lo malo, recuerda que mañana puede ser el último día en que tu bebé toma pecho, o gatea, o dice las palabras a medias. Mañana puede crecer y ya no hacer algo de todo eso.

La crianza dura toda la vida pero la primera infancia se va muy rápido y es donde establecemos las bases de su vida adulta. Merece toda la pena entregarles nuestra total atención, pero siempre y cuando estemos bien con esa idea y lo disfrutemos mientras lo hacemos.

Todo pasa y la niñez vuela, si vas a compararte con alguien compárate con tu hij@, ¿eres igual de feliz y espontáneo? Intenta serlo, solo por hoy.

Gracias por leer.

*Print de Lisa Stubbs

Al compás del corazón

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La naturaleza es sabia y nuestro cuerpo es una máquina perfecta que funciona sin necesidad de que hagamos mucho. Damos por hecho todo lo que tenemos y es hasta que falla que notamos su importancia. De ahí lo que quisiera compartirles hoy y también de ahí la imagen que no es más que mi forma (medio abstracta tal vez) de invitarlos a escuchar a su corazón, esa voz interior, románticamente llamada corazón.

No me refiero a ese que late mientras estamos vivos, sino a esa voz atrevida que nos lleva a emprender aventuras y a arriesgarnos, esa misma vocecita que nos avisa cuando algo anda mal y muchas veces decidimos ignorar. Hay que escucharnos.

Hoy me preguntaron a qué van mis pacientes cuando piden una consulta conmigo, y aunque es verdad que los motivos son muchos, pudiera simplificarlo así: van a buscar el camino hacia su propia voz.

¿Que si lo encuentran? No siempre.

Algunos nunca la han escuchado, otros no saben que existe, otros le tienen mucho miedo. Pero la gran mayoría de nosotros de vez en cuando escuchamos esa vocecita cuando nos enfermamos.

El cuerpo, como parte de su perfección, se encarga de avisarnos cuando las cosas andan mal.

Si la vocecita (alma/corazón) lleva tiempo intentando comunicarse con nosotros y no le hemos hecho caso ahí es cuando llega la enfermedad a gritar un poquito más fuerte. Porque podemos sentirnos bien, pero ante la enfermedad tenemos que hacer pausa y estar un ratito a solas, en silencio, escuchando esa melodía. Y permítanme decirles que la mayor parte del tiempo, es una canción medio amarga, porque tardamos en ponerle atención.

El corazón nos brinda oportunidades hermosas, de conectarnos con las demás personas, de atrevernos, de crecer. Pero también es el encargado de ubicarnos en la realidad y a eso siempre le sacamos la vuelta.

No estoy diciendo con todo esto que cada enfermedad es voluntaria o que aquellas personas súper conectadas consigo mismas jamás se enferman. Lo que si, es que se enferman distinto.Y todo esto viene a mi mente (y corazón y dedos) porque llevo las últimas veinticuatro horas monitoreándole la tempreatura a mi hijo.

Sube y baja, sube y baja. Y así empieza, el caminito de su voz diciéndole cosas (y a mi también), y el caminito de esa relación sagrada que va a tener con su cuerpo durante toda su vida.

Nuestro cuerpo es un reflejo de quien somos.

Por eso, aunque mi blog hable de crianza, es inevitable no hablar de mi trabajo, de la imagen corporal y de cómo nos afecta tanto cuando le ponemos mute a la música que sale desde nuestros adentros.

Hay que sintonizarnos con nosotros mismos. Nos tome un año, o diez o toda la vida.

De lo contrario les puedo asegurar que van a gastar mucho más en médicos de lo que imaginan y además se la van a pasar bailando a des tiempo. Llegando tarde a los momentos clave de su propia historia. Porque aunque la historia que nos venden pareciera demostrarnos lo contrario, no estamos aquí para competir con nadie, estamos aquí para bailar y sonreír (o lo que es lo mismo, ser felices).

Así que hoy, en honor a la fiebre que va y viene los invito a dedicarse unos minutos, en silencio y escuchar qué les dice esa voz. Si les duele algo (físico o emocional) suéltenlo y si no se va, pues habrá que repetir el ejercicio las veces que sea necesario.

Enfermarse no es malo, lo malo es ser enfermos, identificarnos con la enfermedad y ya no soltarla.

Si vamos a estar aquí por tiempo limitado qué mejor regalo podemos darnos que confiar en nosotros y en esa máquina perfecta que nos guía, con ritmo constante, hacia donde nos toca estar. Y si nuestros hijos crecen viendo eso, seguramente les será mucho más fácil escucharse sin miedo a bailar.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de crystalsheahethcote

Saliendo de la zona de confort

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Casi todos tenemos ciertas cosas que nos hacen sentir en paz. Hay gente que necesita movimiento, ruido, mucha actividad y otras personas que lo que quieren es silencio y calma, en todos los sentidos.

Yo tengo una mente que nunca para, hablo mucho, escribo mucho, leo mucho y en mi trabajo también escucho mucho. De ahí que el hecho de trabajar desde casa se me haya acomodado tan bien.

Llevo más de cinco años trabajando la mayor parte de tiempo en mi casa, con mis horarios, en mi espacio y a mi antojo. ¿Suena bien, verdad? La cosa es que cuando vas sintiéndote bien así, luego es difícil salir de ahí.

La maternidad te saca de todo lo que conoces, te sacude y te hace replantearte el mundo, sobretodo porque ese mismo mundo es el que vas a plantearle a tu hijo, desde el ejemplo y eso no es cualquier cosa.

Ya sea que ser mamá haya sido tu meta en la vida o te haya pasado sin planearlo tanto, el suelo se te mueve y eso siempre es bueno. Los cambios la mayor parte del tiempo son duros, pero siempre te enseñan cosas. Ya depende de nosotros cómo tomamos ese aprendizaje y qué tanto lo ponemos en práctica, porque uno puede estudiar mucho pero si no usas los conocimientos, se van.

Les decía entonces, que cuando uno está muy bien y acostumbrado a cierto modo de vida y luego decide cambiar algo la cosa empieza a verse rara. ¿Estará bien? ¿Estará mal? ¿Se vale o no? ¿Y si me equivoco? ¿Y si luego estoy peor? ¿Y si mejor me quedo igual?

Las dudas aparecerán siempre. Y la verdad es que no necesariamente es malo tener una zona segura donde nos sentimos bien. Al contrario. Eso es bueno. Siempre estamos buscando encontrar ese punto, la cosa es que a veces, ya estando ahí queremos más, o bien, descubrimos que lo que tanto queríamos no era tanto eso sino el buscarlo.

Total.

El mensaje es el siguiente:

Si llevas mucho tiempo haciendo lo mismo y te sientes bien con eso, si a diario te levantas y eres feliz con lo que harás, si la idea de transmitirle tu pasión a tus hijos (o cualquier ser querido) te ilusiona. Síguele por ahí, vas muy bien. Todo es perfectible y claro que día a día te puedes esforzar por ir cada vez mejor.

Si, por otro lado, un día empiezas a pensar ¿y si mejor hago…. x? ¿no será que me sentiría mejor haciendo… y? Es entonces cuando, en mi opinión, es buen momento para salir de esa zona de confort. Esa zona que te ha ayudado y servido para aprender, crecer y guiarte por tu camino (que nunca será igual al de nadie más) es la misma que ahora te despide y te dice, hora de cambiar el rumbo. Se vale cambiar.

Ya sea que tengas un sueño clarísimo, que lo andes buscando, que tus hijos te lo despierten, que tus hijos te demuestren que lo que estás haciendo no es lo que quieres o bien que no tengas hijos pero que de repente descubras que todo lo que habías estado haciendo era una preparación para lo siguiente. Aviéntate. Anímate a hacer eso que traes en mente.

Cada decisión que tomamos tiene sus consecuencias, siempre y cuando estemos dispuestos a hacernos responsables de las mismas y con ellas no estemos dañando directamente a nadie el aprendizaje puede ser muy grande y el sentimiento de seguir buscando eso es algo que se transmite y que va a resultar en hijos libres pero con la claridad de que también se vale equivocarse y de todo se aprende.

Si hoy mientras lees esto piensas que te sientes bien como estás pero podrías estar mejor, piensa de qué forma. Si al leerlo tienes clarísimo lo que te falta o lo que quieres sal a buscarlo, haz que suceda.

Por lo pronto por acá seguiré intentando y moviéndome de lugar cada que lo necesite.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración alessandro gottardo

Desaprendiendo

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A mi siempre me ha gustado estudiar. Primero porque creía que era buena para hacerlo, después porque me parecía más entretenido que trabajar y finalmente porque las ganas de aprender no se me quitan nunca.

Pero nunca tuve intención de estudiar sobre crianza. Ni informal ni formalmente. Más bien le sacaba la vuelta.

Toda la teoría que tengo en mi mente respecto al tema fue impartida por maestros en la licenciatura o bien por don internet, casi por accidente o por algún término pegajoso en los correos de baby center que me llegaban mes a mes durante el embarazo.

Intenté sacarle la vuelta a las lecturas sobre crianza porque consideraba que con la poca o mucha información que tenía, más la experiencia como terapeuta infantil bastaba. Creo que para ser padres hay que soltar tantas cosas que en mi caso no iba a ayudar el “saber” más o “saber” mucho.

Intenté y  me resistí lo más que pude.

Pero finalmente he ido dejando que las lecturas lleguen a mi, porque ahí están y porque, creo, una vez que se asume el rol de padre las cosas se vuelven un tanto menos complejas al enfrentarse con la teoría. Ya sabemos o al menos eso creemos, el suelo que estamos pisando.

No es que a mi me sorprenda el tipo de madre que soy, creo que es congruente con mi personalidad. Pero si me sorprende seguido la reacción de los demás:

  • Tienes mucha paciencia
  • ¿No crees que está muy chico para hacerle caso?
  • Sería más fácil si le das menos opciones
  • ¿Y entonces, qué come?
  • ¿Todavía no habla? Enséñalo
  • ¿Come con las manos?
  • Esque ya sabe que consigue lo que quiere, te está manipulando.
  • Está muy chiquito todavía, no entiende.
  • ¿Y por qué no toma biberón?

Esos son solo algunos ejemplos de los comentarios que recibimos, no solo yo, sino el papá chilaquil y yo bastante seguido. Y claro que también nos comentan cosas positivas como que es un niño feliz, que yo creo que es el mejor cumplido que podemos recibir. La cosa es que ahora que tiene año y medio las cosas van tomando formas distintas y empezamos a tomar decisiones en torno a su futuro.

La vida en México varía mucho dependiendo de en qué ciudad y colonia estés. No es lo mismo una ciudad pequeña a una grande, una colonia céntrica que en las orillas de la ciudad. Y si bien la inseguridad es un tema de relevancia nacional existen ciertos lugares “más inseguros” que otros.

Empezando por ahí, estamos a punto de hacer un cambio radical, optando por una colonia cerrada y “lejana” a diferencia de donde vivíamos desde años atrás. Pero de nuevo la importancia de continuar por la misma línea de crianza por la que hemos ido caminando desde que el bebé chilaquil nació.

Queremos que corra, libre, o al menos lo más libre que pueda y por lo pronto sus opciones son:

a) Correr al rededor de la casa siendo perseguido por el perro (que es actualmente una de sus actividades favoritas)

b) Correr en el porche (segunda actividad favorita)

Podemos ir al parque por las tardes-noches pero siempre con precauciones distintas a las que, en teoría, tendríamos en la nueva colonia, puesto que en donde vivimos actualmente la situación no ha estado de lo más tranquila, por decirlo de alguna forma.

Entonces si empezamos por ahí, por respetarle su derecho a correr… Pues la mudanza suena como buena opción y si a eso le sumamos LA elección de su futura escuela, cerramos con broche de oro y estamos empacando.

LA ELECCIÓN va con mayúscula porque es otro tema que podremos detallar en otro post pero que finalmente refleja el tipo de crianza que quieres que tu hijo tenga, dentro y fuera de casa.

Somos fieles creyentes de que la base educativa se da en casa, que no podemos delegar esa importantísima tarea a una institución y además esperar que nos adivinen cómo queremos que la hagan. Pero también, al comprometernos a hacer nuestra parte como padres, pedimos una escuela donde el primer paso sea el respeto a las diferencias de cada niño y de ahí en delante que se les brinden espacios para desarrollarse en distintas líneas dentro de un ambiente amable y divertido.

Suena muy bonito, pero la realidad es que la mayoría de las escuelas que cuentan con esas características son carísimas o bien están saturadas y no tienen capacidad para aceptar más alumnos.

Como decía, el tema de la escuela y las decisiones que tomamos los padres al respecto da para un post más detallado. El día de hoy quería contarles del cambio de vida que estamos por enfrentar y cómo nos ha ido enseñando a desaprender, por más que a la mamá chilaquil le guste estudiar.

No hay teoría ni libro suficiente para soltar.

Hay que jugar con ellos, caernos con ellos, llorar con ellos, brincar con ellos, descubrir con ellos y guiarlos, claro, pero después de haberles brindado esos espacios. Son momentos pequeños que marcan sus vidas y hacen toda la diferencia en su futuro.

Así que con las decisiones que hemos ido tomando respecto a su crianza, su educación, su entorno, sus mascotas, su alimentación, sus rabietas y todo lo que implica acompañarlo mientras crece nos hemos ido dando cuenta de que este camino que al principio parecía tortuoso y a los 18 meses parece físicamente muy cansado no es más que un sube y baja en el que la clave radica en darlo todo, todo el tiempo, sabiendo que lo malo pasa y lo bueno dura muy poco.

Desaprendamos pues, todo aquello que creíamos saber.

Si como padres no tienen ninguna formación previa respecto a crianza, a establecimiento de límites, a desarrollo emocional, evolutivo, motriz, claro que les recomiendo leer y mucho, hay muchas cosas importantes y valiosas. Pero si como yo, les dio por leer desde antes, guarden esos libros un rato, léanle cuentos a su hijo, o léanse una novela, ya que el hijo se quede dormido. Disfruten, saboreen, tómense un momento y vívanlo, por hoy.

Si hoy fue un mal día, sepan que mañana puede ser mucho mejor y lo están haciendo lo mejor que pueden.

Si hoy fue un buen día, felicidades, lo están haciendo lo mejor que puedes.

No hay nada mejor que soltar y dejar que la vida nos lleve a desaprenderlo todo.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustración de pinterest

 

El arte de ser felices

moon

Como muchos ya saben, mi trabajo la mayor parte del tiempo consiste en escuchar a los demás y acompañarlos en sus esfuerzos por estar mejor. O entenderse, quererse, resolver alguna situación específica (estrés, ansiedad, duelo). En conclusión, buscan estar mejor.

Siendo padres buscamos eso mismo, ser felices en nuestro nuevo rol y sobretodo que nuestros hijos sean felices. Y de esa lucha constante derivan tantas teorías, tantos libros y tantos blogs como este. Escuelas para padres, grupos de amigas, sociedades de padres, en fin que mucha gente se compromete en ese esfuerzo pero aún no hay una respuesta general de cómo ser más felices.

Hay que aprender y es un arte.

Tengas o no hijos, la felicidad es algo difícil de alcanzar, porque la simpleza es todo lo opuesto a lo que somos. Porque la sonrisa, tan facilita como parece, implica un trabajo largo y complejo que no todo el mundo consigue.

¿Cómo podemos criar hijos felices? Primero aprendiendo a ser felices nosotros. Y ojalá fuera así de sencillo como levantarse y ponerse la cara feliz.

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Claro que tiene que ver con una elección, con echarle ganas a toda situación y buscarle el lado amable a las cosas. Pero ¿cuánta gente muy feliz conocen? Esa gente que te hace sonreír fácilmente, que de tenerlos cerca te hacen la carga más ligera y hacen que las cosas parezcan simples. Existen, pero no abundan.

No sabemos ser felices, pero siempre podemos aprender.

Más que desarrollar una técnica infalible para que la máscara que usamos sea la adecuada me gusta pensar que no se necesitarían tantas máscaras si estuviéramos conformes con quienes somos.

Ahí, para mi, está la clave: En la libertad.

La mayoría de la gente que no es tan feliz de adulta se siente culpable de muchas cosas (ya sea de haberlas hecho o de no atreverse a hacerlas). No se sienten libres de decidir sin afectar a los otros, sin quedar mal con alguien, sin defraudar las expectativas de los demás.

Y eso nos dice mucho de cómo educar a nuestros hijos.

Si estamos depositando en ellos todas las expectativas que nos quedan pendientes en nuestras vidas seguramente solo les pasaremos más pendientes, dudas y temas por resolver. Y claro que romper la tradición no es sencillo, pero no por ser difícil es imposible, ni malo.

Si somos padres libres, por ende los hijos serán libres y eso no quiere decir que no hay reglas en casa. Una cosa es la libertad y otra la falta de estructura.

Dentro de muchas de las lecturas que llegan a mis ojos respecto a crianza encuentro muy marcada la tendencia hacia potencializar los talentos de nuestros hijos y darles libertad para explorarlos. Creo que, frecuentemente, se confunden ambas cosas.

En mi opinión, y lo recalco porque para nada estoy aquí tratando de dictar una cátedra sobre nada, una cosa es dejarlos explorar y disfrutar sus intereses y otra muy distinta <<ayudarles>> a que alcancen el máximo de su potencial en determinada área.

Así como hablamos de equilibrio en las demás áreas de nuestra vida como alimentación, vida profesional o bien en nuestras vidas fuera de ser papás, creo muy importante el que los hijos puedan hacer lo que les gusta, pero también lo que no les sale tan bien, lo que no disfrutan tanto.

Y es que la frustración es parte de la vida, pero no es por eso que recomiendo ese equilibrio en la crianza y las actividades de los hijos.

Una cosa es que no vayamos de acuerdo con obligarlos o frustrarlos innecesariamente. Otra muy distinta es que, tengan la edad que tengan, dejemos que ellos decidan todo, con tal de que sean felices. Justo la clave para poder decidir casi todo en la vida adulta es haber ido conociendo la libertad desde pequeños (para saber qué hacer con ella) pero también el conocer la otra cara de la moneda.

Saber cumplir con tareas sencillas a veces no tan placenteras, ir conociéndonos y sabiendo para lo que somos buenos y para lo que no, pero sobre todo creo que ese camino que recorremos entre el éxito y la frustración de no poder hacer algo del todo bien es lo que nos permite crecer en muchos sentidos y hacernos conscientes de esa parte imperfecta que nos hace quienes somos, aceptarla y poder, entonces si, potencializar lo demás pero sobretodo disfrutar el proceso.

¿Es entonces posible ser felices? Si ¿viable criar hijos felices? Confío en que si, porque lo he visto, porque obviamente no soy la primera en pensar todo esto y porque está en nuestra naturaleza, porque es como nos sentimos mejor.

La tristeza, el estrés, la ansiedad, etc. son nuestras emociones diciéndonos cosas, es su forma de comunicarnos que tienen una necesidad, pero siempre la necesidad está ahí para que la podamos satisfacer. Si nuestros hijos van aprendiendo a conocerser y traducir sus emociones desde pequeños tendrán una inteligencia emocional que les ayude a ser más felices y volvemos al inicio de este post. Es justo lo que los padres queremos.

Trabajemos entonces en nosotros mismos, guardemos las máscaras para cuando sea indispensable utilizarlas, conozcamos a fondo quiénes somos, qué queremos, qué podemos y qué no podemos hacer. Nunca es tarde para darnos uno o muchos momentos.

Conforme podamos crecer como personas, no solo nuestros hijos sino todos a nuestro al rededor podrán verse beneficiados con nuestra felicidad y tal vez hasta contagiarse.

Gracias por leer.

*ilustraciones de pinterest

La aritmética cambiante del amor

couple

Algo que nadie puede enseñarnos es cómo será la vida en pareja, porque siempre es diferente. Para cada persona y en cada situación.

Hay similitudes en todas nuestras relaciones, pero no siempre la práctica hace al maestro, hay muchos casos de personas que intentan e intentan e intentan y no consiguen establecer una unión a largo plazo con alguien. Personalmente no creo que eso sea malo, no necesariamente. Si eres muy feliz con alguien, aunque sea por poco tiempo, yo digo que vale la pena. Pero ya el tema del amor para siempre y las expectativas de cada quién sería tema de otro post.

Por el momento me gustaría compartirles un poco de mi experiencia cuando ya tienes una relación bien establecida, estable y feliz y llega la paternidad a darle una revolcada (como ya les había platicado en la ola posparto, precisamente).

Pues claro que la relación de pareja no podía quedar fuera del revolcón y las consecuencias son tan variadas como todo en la vida. He leído de todo al respecto, desde que es un milagro no divorciarse hasta que hay que “entenderlos” a ellos y sus necesidades, refiriéndose a los hombres y lo que la mujer recién parida debería de hacer.

Yo, como siempre, no estoy de acuerdo con ningún extremo y a pesar de que es un tema complejo intentaré compartirles lo que, creemos, nos está funcionando en la familia chilaquil.

Digo familia porque aunque el hijo en este tema se busca que quede como punto y aparte pues ya nada en nuestras vidas es aparte de él, así es esto, aunque estemos separados físicamente no dejas de ser madre o padre al irte, así que aquí les voy.

Para mi esto de la vida en pareja fue tan complejo como aprender matemáticas con un mal maestro, aunque no puedo presumir de tener tanta experiencia, pero la poca que tuve era medio desatinada, las cuentas nunca me salían, porque o sentía que daba de más o daba de menos y al final alguien siempre salía perdiendo. Yo no entendía nada y acababa desilusionada y haciendo un drama mental en el cual pensaba que jamás funcionaría.

Tan resignada estaba que cuando conocí al papá chilaquil y el me aseguraba con sus cuentas muy claras que si se podía yo no le creía. No le creía nada.

Se me hacía imposible sumar tan facilito. Le buscaba truco por todos lados, decía de seguro no me está contando algo, seguro le falta un punto decimal que trae escondido. Pues no. Hasta ahorita no ha salido chueca la cuenta y llevamos nueve años juntos.

Nueve años pueden ser vistos como mucho o como poco, son todos ustedes lectores libres de considerarlos como gusten o puedan, pero para mi, son algo así como un buen número para indicarme que la suma va saliendo.

Total que antes no me daba la cuenta (lo cual no quiere decir que siempre me la pasé mal, debo aclarar) y a partir de ahí he podido ir sumando.

Ya que uno aprende suma sencilla la cosa va fluyendo y la vida es más bella y te sientes con apoyo y todo es felicidad, bueno o por lo menos es más sencillo, pues.

Pero.

Si, siempre hay peros en la vida. Y lo que pasa es que conforme uno aprende, luego quiere más y la matemática no nada más se complica, cambia. El amor es así como un virus de esos que mutan y uno luego no encuentra por donde. Pero bien que se disfruta.

Pues bueno, ahí está la clave de por qué nuestra pareja debe conocernos, aceptarnos, respetarnos. Porque a la hora de la mutación del virus hay que entrarle, ajustarse y poder avanzar.

Si pudiera dar un solo consejo sería que hay que buscar una conexión…

connected

Del tipo que a cada quién le funcione… no tiene que ser musical verdad. Pero la vida con música es mucho mejor.

Esa conexión, la que sea que tengan con su pareja, va a ser lo que los puede salvar de caer en el abismo, en una rutina negativa y de perderse en el camino cuando cada uno vaya creciendo en lo individual y puedan, fácilmente, perderse en eso que antes compartían.

Y esa misma conexión es la que, cuando llegan los hijos, les va a recordar el por qué decidieron entrarle a la locura de traer a alguien más a este mundo que a veces parece tan gris.

Porque en esas noches interminables, en esos días de fiebre, en esos llantos que no entendemos ayuda mucho tener a alguien a tu lado que te recuerda que te ama y sobretodo que tu puedes, que te admira, que están juntos aunque a veces te sientas tan sola.

Y ojo, que no digo que las mamás solteras no pueden ni tienen este tipo de felicidad. La pareja no es algo indispensable para ser feliz ni para funcionar como familia. Hay muchas familias de un solo padre o madre que son más felices y estables que muchísimas otras que parecieran funcionar.

A lo que me refiero es a que cuando uno ya está en ese viaje de compartir la vida con otro bien vale la pena aprender a disfrutarlo, buscarle por todos lados la oportunidad para que el viaje valga la pena. En pocas palabras, hay que echarle ganas.

El amor solito no basta para que todo fluya, eso dura un tiempo relativamente corto y de ahí en delante se necesita trabajar, como en todo en esta vida.

Fórmula no hay porque todos somos diferentes. Y quizás por eso me puede hacer ruido, a veces, cuando leo o escucho que aconsejan cosas fijas, porque nuestra relación no es fija. Es cambiante. Entonces nuestros gustos y decisiones como pareja así van siendo también.

Entiendo que a la mayoría de las parejas les funciona muy bien el salir sin hijos, el destinar un día a la semana para conectarse, el cocinar juntos, el ir al cine, el mandarse mensajes de texto, o fotos sexys o lo que sea que se les ocurra. Pero lo que creo que esas son solo ideas, lo importante es tener bien claro lo que cada uno va sintiendo, aclararlo con el otro y reajustar.

Porque ¿qué tal que lo máximo en la vida para ti al inicio de tu relación era ir juntos a un concierto y bailar toda la noche pero ahora lo que quieres es un masaje y un vino? O qué tal que lo que quieres es viajar y antes no te gustaba tanto. O quieres una clase de yoga juntos o una cita doble con amigos, o ver películas por todo un día sin moverte de tu cama. Las opciones son infinitas, pero siempre cambiarán, porque así somos los seres humanos.

La rutina pasa, es algo inevitable y que nos da estructura. Si no tuviéramos rutinas el caos se apoderaría de nosotros en muchos sentidos y luego nuestros hijos podrían salir aún peor. Así que tampoco estoy de acuerdo en creer que la rutina es el problema de todo lo malo que sucede en la vida.

Más bien el problema sería el no detenernos a analizar lo que va pasando y ajustarnos. Por eso mi ejemplo de las matemáticas. Hay que aprender a sumar de todas las formas posibles, cuando se necesita. Pero también a restar, multiplicar y dividir.

No es cosa fácil pero la verdad vale mucho la pena. Es de esos esfuerzos cuyo resultado lo disfrutas por mucho tiempo.

Así que más que platicarles lo que a nosotros nos funciona, con detalle, les comparto la importancia de darse ese tiempo de explorar. Encuentren su tiempo y busquen respuesta a todas esas emociones nuevas que van llegando. Traduzcan lo que pasa en cada momento del camino, revuélquense en la ola juntos, resígnense a que las cosas no van a ser fáciles pero sepan que siempre que se esfuercen el resultado va a ser gratificante.

El amor de pareja es cosa de dos y así de esa misma forma hay que avanzar, juntos. Así que cuando sientan que algo no funciona, algo no les cuadra, andan de malas o necesitan un apapacho está bien hablarlo con amigas, con amigos, pero no se olviden de decírselo a ese otro que es el que puede cambiar las cosas. Ámense y cambien juntos y si de plano no se puede hay que amar el final de la relación porque si ya son padres tienen algo que los une por siempre.

Como ya les decía, más vale disfrutar el viaje porque no se repite y porque pasándosela bien uno brilla más y los hijos se contagian.

Como siempre, gracias por leer.

*ilustraciones de pinterest